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Aula Magna “Salvador Allende” de la Universidad Nacional del Comahue - 23 de abril de 2008
PRESENTADORA:
Desde la subsecretaría de Derechos Humanos de la provincia y la Defensoría del Pueblo de esta ciudad, agradecemos que hayan respondido a la convocatoria para escuchar al doctor Carlos Rozanski, cuya trayectoria es ampliamente reconocida en nuestro país. Agradecemos la presencia de las autoridades nacionales, provinciales y municipales que nos acompañan, de representantes de distintos órganos de gobierno, de las organizaciones de la sociedad civil y de toda la comunidad.
Agradecemos también al doctor Rozanski, por su disposición para ofrecer esta conferencia sobre abuso y maltrato infantil que ha despertado gran interés en nuestra sociedad.
Esta jornada ha sido declarada de interés por el poder Legislativo de la provincia del Neuquén, según consta en la declaración número 840, sancionada por la Honorable Cámara el pasado 9 de abril, y que fuera notificada por la vicegobernadora y presidenta de dicha Cámara, doctora Ana Pechén. Asimismo, la vicegobernadora ha enviado la siguiente salutación: `Doctora Ana Pechén agradece la invitación para asistir a la conferencia que dictará el doctor Carlos Rozanski sobre “Niñas, Niños y Adolescentes: mitos y verdades de su protección integral”. A la vez, valora el trabajo realizado en conjunto por los organizadores que tratan la temática y les desea pleno éxito en este encuentro tan importante para la comunidad neuquina. Con la seguridad de compartir un próximo encuentro, se despide atentamente.
“Hemos recibido esquelas de igual tenor de la diputada nacional Alicia Comelli y del secretario de Cultura de la municipalidad de Neuquén, don Oscar Smoljan.
Ahora, en nombre de las instituciones organizadoras, hablará el doctor Ricardo Riva, subsecretario de Justicia y Derechos Humanos del gobierno provincial.”
Dr. RICARDO RIVA:
Buenas tardes. A las autoridades presentes, provinciales, municipales; autoridades del poder Judicial, autoridades de la provincia de Río Negro, compañeros de trabajo, amigos, amigas, habitantes de las provincias del Neuquén y de Río Negro, quiero agradecerles mucho la presencia de todos ustedes aquí.
“Esta tarea que venimos llevando adelante con la subsecretaría de Justicia y Derechos Humanos y la Defensoría del Pueblo de la ciudad de Neuquén, tarea que se seguirá profundizando e invitaremos a otras organizaciones para que nos acompañen. En este caso puntual, también con la subsecretaría de Derechos Humanos de Río Negro. En efecto, aprovechando la visita del doctor Rozanski a la ciudad de Roca, donde expuso sobre el tema “Democracia y Derechos Humanos”, consideramos conveniente aprovechar su presencia y traerlo aquí, a la ciudad de Neuquén, para trabajar otro de los derechos humanos fundamentales, como es la protección de niños y adolescentes.
Solamente agradecerles su presencia aquí, decirles que quedamos en la charla del doctor Rozanski y les pido permiso para leer esta frase de Eduardo Galeano, que de alguna manera resume esta tarea que tiene que ver con el trabajo en la profundización de los Derechos Humanos, que la sociedad los incorpore, los haga propios y los pueda defender: ´Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza. No nos sacan del subdesarrollo. No socializan los medios de producción y de cambio. No expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizás desencadenen la alegría de ayer y la traduzcan en actos. Y, al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.´ Muchas gracias, y los dejo en la disertación del doctor.”
(Aplausos)
PRESENTADORA:
El doctor Rozanski presidió el Tribunal Oral que condenó al ex policía Miguel Etchecolatz por crímenes contra la humanidad. Es miembro fundador de la Asociación Argentina para la Prevención del Maltrato Infanto-juvenil (ASAPMI) y del Foro para la Justicia Democrática. Escribió numerosos libros y artículos sobre abuso sexual y violencia intrafamiliar. Además, es autor del texto legal que reformó el Código Procesal Penal de la República Argentina, en lo referente a la regulación de la declaración de los niños abusados en sede policial y judicial (Ley 25.851).
Para las personas que quieran hacer preguntas, les informamos que en sus carpetas tienen una planilla para que las escriban. Sabemos que, como nos sobrepasó a cantidad de gente, hay personas que no tienen carpetas. Ponemos a disposición de ustedes hojas en blanco para que las puedan usar.
Al final de la exposición del doctor Rozanski, se iniciará un intercambio, en el que actuará como moderadora la doctora Graciela Bordieu, Defensora del
“Los dejamos con el doctor Rozanski.
CONFERENCIA DEL DR. CARLOS ROZANSKI:
Buenas tardes. Hay muchísima gente, lo cual es importante. Yo agradezco la invitación. Agradezco sobre todo el espacio, porque como el tema es extraordinariamente grave y una de las razones por la cuales siguen pasando las cosas que pasan es por la falta de espacios para hablar de estas cosas, o por lo menos para hablarlas, retomando la frase que recién leía el amigo, para cambiar. Porque verdaderamente toda la producción académica, si no cambian cosas, que es lo que muchas veces sucede, no sirve para nada. Ése es el primero y último sentido de la producción cultural y académica, desde mi punto de vista.
Creo que hay que valorizar los espacios que se generan para escuchar cosas y para intercambiar y para que cada uno hable. En el caso mío, voy a hablar de experiencias personales, la mayor parte de las cosas que diga tienen que ver con cosas que viví, y que vi, y que percibí, y que escuché y que me conmovieron. De modo que la idea es transmitirlas con la subjetividad inevitable del que está transmitiendo algo que vivió, y con la esperanza de que ese tipo de intercambio por lo menos agregue y sume algo a las muchísimas preocupaciones que seguramente tienen.
Yo pregunté un poquito qué composición de gente había y, bueno, entonces me decían que hay desde colegas del poder Judicial hasta estudiantes, psicólogos, trabajadores sociales. Un montón de gente que, en última instancia, son los que más involucrados están en esta problemática y en alguna medida los que la padecen.
Yo quiero especialmente abordar los aspectos más críticos, los que no se suelen ver desde los puntos de vista que yo quiero dejar planteados. Eso es algo que no puedo evitar.
Voy a tratar de no demorar demasiado. En realidad es un tema que, para desarrollarlo bien, haría falta más tiempo del que tenemos. Pero, aún así, yo quiero que el tiempo que tenemos alcance, específicamente en el tema abuso infantil, para que se puedan dejar planteadas las cosas más importantes del fenómeno y que no conocerlas es lo que muchas veces nos hace cometer errores a nosotros o a otros. Son las cosas que hacen que el que está mirando desde afuera se quede sorprendido por ciertas situaciones que no logra comprender, porque desde el sentido común percibe, siente algo, y desde la formalidad que está leyendo siente otra cosa distinta.
No voy a poder en este tiempo esclarecer eso, pero sí por lo menos dejar algún tipo de aporte como para que esa distancia que hay entre lo que uno a veces siente que es y lo que realmente lee, no sea tan grande, o por lo menos logre entender por qué suceden estas cosas. Ése es el centro de lo que yo quiero dejar planteado, no sólo respecto del abuso sino de la protección de los derechos del niño.
LA IMPUNIDAD
Una característica de todos estos siglos en materia de violación de derechos de personas más vulnerables –estamos hablando de niñas, de niños, de adolescentes, de mujeres, de ancianos-, es la impunidad. Esto es lo que marca todos estos siglos. Con distintas características, pero la impunidad está presente. La impunidad está presente a un nivel que percibimos, como yo decía antes, pero difícilmente le encontraremos las explicaciones adecuadas.
Para que tengan una idea de lo que es la impunidad en esta materia, digamos que en la República Argentina la relación que hay entre los hechos delictivos que se cometen -los que se denuncian en especial-, y los que se esclarecen, es del 1,5 por ciento aproximadamente. Es decir, de los hechos que se denuncian, se esclarece el 1,5 por ciento en promedio, aproximadamente.
Si ustedes tienen en cuenta que en temas como abuso infantil, con suerte se denuncia el 10 por ciento de lo que sucede –mi opinión personal es que no se llega a denunciar el 10 por ciento, porque las propias características del fenómeno hacen que no se llegue siquiera a ese porcentaje-, pero nada más que para ser generosos tomemos como cifra que se denuncia el 10 por ciento de los hechos, esto nos lleva a que de cada mil hechos de abuso se esclarece uno, de mil se esclarece uno, y novecientos noventa y nueve quedan impunes.
Ustedes traten de imaginarse el universo de criaturas abusadas que van a continuar siendo abusadas y que, de sus abusadores, sólo uno de cada mil va a recibir algún tipo de sanción. Es una cifra escalofriante, pero es la real, es lo que nos pasa. Por supuesto que no es gratuito, sino que hay razones muy profundas para que sea así.
Algunas cifras
• 1,5 % se esclarece
• Se denuncia el 10 % de los casos
• A.S.I. : 1 de cada 1000 abusadores recibe sanción
• 999…quedan impunes…
Algunas razones
- Historia de los niños y mujeres = maltrato y abuso
- Características del fenómeno
- Intervenciones inadecuadas en delitos sexuales
En primer lugar, la historia de los niños y mujeres, les decía, es una historia de maltrato y de abuso. Historia de maltrato y de abuso que no nos fue contada de esa manera. Porque, más allá de las diferencias de edad que puede haber entre nosotros, si ustedes tratan de acordarse qué aprendió cada uno a lo largo de toda su historia -en el colegio o en los estudios que hayan realizado después-, qué aprendieron de la historia del niño, van a ver que nunca se les dijo que la historia del niño es una historia de abuso y de maltrato. No se enseña eso. La realidad es que es una historia de maltrato y de abuso.
Hay un libro que les recomiendo, es un poco denso, es muy grande físicamente y además agota porque es la suma de todo el maltrato; es un libro de Lloyd deMause que se llama `Historia de la infancia´, donde ustedes van a poder ver distintos hechos históricos que demuestran no sólo lo que los niños a lo largo de la historia han sido abusados y maltratados, sino y sobre todo la forma perversa de contar y de disimular esa situación.
Por eso, insisto, si cada uno hace un examen de memoria, se van a dar cuenta que nos han dicho cosas muy distintas, si es que nos hablaron de la historia de la infancia.
Para que tengan una idea, Luis XIII o Luis XIV, Luis XIII me parece que era, cuando asume como rey de Francia tenía ocho años y en ese momento él dijo: `preferiría que no me rindan tantos honores y que me dejen de golpear´. Ése era un rey, al que lo mataban a palos. El padre tenía al lado de su cama una especie de rebenque, no sé cómo era, un elemento de la época, para pegarle. Esa parte de la historia es la que no se cuenta.
Pero es esa gente, como este Luis, que después de grande tiene funciones en nuestra sociedad y está entre nosotros. Gente que ha recibido ese tipo de trato es la que después tiene que dirigir cosas importantes, cosas del Estado, y lo va a hacer desde su propia experiencia personal. Por eso es importante no sólo, por supuesto, dejar de maltratar a los niños, sino sobre todo tener conciencia y aceptar que la verdadera historia no es una historia rosa, sino que verdaderamente es una historia de maltrato.
La idea es ver si podemos ensayar algún tipo de explicación de por qué fue así y, sobre todo, qué podemos hacer para que cambie, que es lo único que importa para justificar que estemos hoy juntos aquí.
CARACTERÍSTICAS DEL FENÓMENO
La segunda razón son las características propias del fenómeno. Es un tema importantísimo porque yo decía al comienzo que, si en un fenómeno de la envergadura del abuso sexual infantil no se conocen las verdaderas características, es imposible intervenir adecuadamente. Y ahí sí está la clave para entender por qué nos horrorizamos tanto muchas veces, a lo largo de todo el país, por situaciones de intervención en estos temas que no comprendemos, o no nos entra en la cabeza que pueda haber tanta maldad al intervenir. Y una de las razones importantes es porque o nosotros o el que está interviniendo no conoce las características. Eso lo vamos a ver ahora en detalle.
Esto está vinculado a las intervenciones inadecuadas. Salvo honrosas excepciones, que son circunstanciales, la intervención en la Argentina es mala, es una intervención inadecuada. Aisladamente hay gente buena que interviene bien, pero en una etapa de la intervención, no a lo largo de toda la intervención.
Primero, porque no es una intervención que se pueda hacer desde una disciplina.
En segundo lugar, porque es prácticamente imposible en este momento de nuestro país que todas las etapas de la intervención estén articuladas entre sí y sobre todo, y lo más importante, que haya una cosmovisión similar a la hora de intervenir. Hay muchas razones para que sea así, después las voy a mencionar en detalle porque es algo muy importante.
Antes de entrar en las características, una pequeña aclaración vinculada con la legislación. Porque la charla de hoy se llama `Mitos y verdades sobre la protección integral de los niños y adolescentes´. Vamos a ver al final cuáles son los mitos, o se van a deducir de todo lo que conversemos, pero la diferencia que hay entre lo que yo llamaba mitos y lo que son las verdades, es esa distancia que hay entre la teoría y la realidad en materia de protección de los derechos del niño.
Todas las provincias tienen experiencia. Neuquén tiene su ley 2302. Y la mayoría de las leyes actuales que se han dictado en materia de protección, están inspiradas en la Convención sobre los Derechos del Niño. De modo que son todas buenas, alguna mejor que otra, pero son todas buenas.
De todos modos, la realidad cotidiana indica que esas buenas leyes tampoco sirven, porque la realidad que uno ve en la calle no es la de los chicos protegidos y hay razones para que eso sea así.
Desde la teoría, la Argentina tiene una legislación extraordinaria. Tiene un sistema de protección de derechos humanos que está integrado a un sistema regional de protección de derechos humanos, que es el sistema encabezado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina, todos los tribunales inferiores y todos los operadores que integran el sistema y que acompañan a estos organismos que acabo de mencionar y que tienen que ver con el ministerio público, con los peritos, con los docentes, los trabajadores de la salud. Es decir, la parte de la comunidad que de alguna manera u otra está vinculada al tema de la infancia.
Estas normas, que son el relleno del sistema, ese sistema que yo decía de la Corte Interamericana para abajo y todos nuestros jueces, ese sistema tiene como relleno la normativa. Normativa que finalmente en el caso de Neuquén será la 2302, específicamente sobre la infancia, pero que encima tiene la Convención sobre los Derechos del Niño, que está dentro de la Constitución Nacional y tiene rango máximo legal.
Desde ese punto de vista, el sólo hecho de tener vigente la Convención sobre los Derechos del Niño a nosotros nos debería haber resuelto todos los problemas de la infancia. No haría falta siquiera la Ley 2302, más allá de que es buena, porque las leyes locales tienen que ver en general con la realidad del lugar. Pero lo cierto es que la Argentina, por su rango constitucional en materia de convenciones, tiene todo lo que tiene que tener. O sea, desde el punto de vista teórico, no hace falta más nada.
Esa legislación atraviesa toda la intervención que yo mencionaba antes. Es decir, desde el primer momento que se tiene noticia de que un niño es maltratado o abusado hasta que termina la intervención, todas las etapas deberían estar atravesadas por esta normativa. Por supuesto no sucede eso. Pero en la teoría sí.
Ayer hablaba en Roca, comenzaba hablando del tema de derechos humanos en democracia, con un concepto que es el de los paradigmas; acá se impone hablar también de paradigma, porque es un modelo a seguir, es un ejemplo.
Y nosotros hablamos mucho de paradigmas, y especialmente en la temática de derechos del niño hablamos de los viejos paradigmas, que serían los que yo mencionaba antes. El viejo paradigma en materia de derechos del niño es el sufrimiento, es el maltrato, es la tolerancia sistemática a ese maltrato al niño, a la mujer, a la persona mayor; esa tolerancia que la sociedad fue haciendo y sigue haciendo cotidianamente. Esos son viejos paradigmas.
Los nuevos paradigmas están marcados por la legislación que acabo de nombrar; es decir, las convenciones en materia de derechos humanos y toda la estructura del sistema de protección que, de funcionar, resolvería todos los problemas de los niños.
Les cito dos conceptos que me parecen interesantes porque son bastante sintéticos y nos permiten avanzar un poco. Uno es de un criminólogo italiano que murió hace algunos años, se llama Alessandro Baratta, los que son abogados a lo mejor lo conocieron. Baratta dijo que la Convención sobre los Derechos del Niño puso fuera de la legalidad a buena parte de la legislación y mucho de la práctica judicial y administrativa de los países.
Este concepto es importante porque lo que Baratta decía, al hablar de poner fuera de la legalidad -es muy sencillo de entender, habría que ponerlo en la cabeza de todos nosotros-, que desde ese momento toda norma que sea contradictoria con la Convención sobre los Derechos del Niño no sirve, está derogada, no vale.
Esto parece una tontería porque es muy sencillo de explicar, pero es muy serio el concepto, porque a la hora de intervenir muchos de ustedes deben ver y escuchar que hay funcionarios que, para hacer o no hacer algo, se basan en pequeñas normas. Pequeñas normas no en un sentido peyorativo del código de procedimientos o de cualquier otro código, sino pequeñas en el sentido de que al lado de la Constitución Nacional son pequeñas, porque hay una jerarquía y hay un rango superior en la Constitución.
En ese sentido estoy diciendo que cuando Baratta dijo que ponen fuera de la legalidad, traducido y en lenguaje sencillo sería que todo lo que está en nuestra legislación que contradiga los principios de la Convención sobre los Derechos del Niño no vale, no sirve, y aquel funcionario o magistrado que para intervenir se basa en aquello que es contradictorio con la Convención, se está equivocando y además está aplicando mal la ley. Éste es un concepto central.
La segunda es una cosa que dijo Emilio García Méndez, quien hoy es diputado, es un hombre que ha trabajado mucho en el tema de la infancia, y ha escrito mucho, y ha influenciado mucho. Él trabajó en la hechura del Código de la Adolescencia en Brasil y en otros trabajos muy importantes en Centroamérica.
García Méndez dice que la Convención es una nueva percepción de la infancia. Es sencillo pero me parece importantísimo, porque yo me puse a pensar que sí, por supuesto, es una nueva percepción, pero no hay forma de obligar a percibir. El Estado no puede agarrar a un fiscal, a un juez, a un psicólogo y decirle `usted perciba´. Eso no podría hacerse.
La nueva percepción de la infancia que deriva de la Convención tiene que ir entrándonos por los poros, y tiene que haber un espacio para eso y tiene que haber una cantidad de estímulos para eso. Si no, no vamos a percibir la Convención como algo nuevo. Al contrario, en muchos casos es una molestia. Me ha pasado en casos judiciales, puntuales, discutir con colegas la aplicación concreta de una norma y, al citar la Convención, se genera esa especie de rechazo, de resquemor, como diciendo `otra vez con la Convención´.
Es decir, cuando uno ve que hay funcionarios que se sienten molestos porque uno está invocando la Convención, entonces estamos en problemas. Tendrían que sentirse bien por invocarla y por aplicarla. Pero más de uno de ustedes sabe que cuando van invocando alguna de las convenciones sobre los derechos humanos la reacción es bastante antipática.
De la Convención mencionaré tres conceptos básicos que tienen que ver con el abuso y con el maltrato. Uno es el artículo 3º), que es el interés superior del niño. Y la Convención dice que en toda medida –administrativa, judicial, legislativa, etcétera- que tome un Estado respecto de los niños, el único principio posible para aplicar esa medida, o para tomar la decisión que va a tomar, es el interés superior del niño. Esto trae un problema, porque en la práctica todos ustedes saben que nuestra subjetividad hace que el interés superior del niño no sea lo mismo para uno que para otro; vivimos en una sociedad en la cual `en el nombre de´ se hacen muchas cosas buenas, regulares y malas. Y siempre se hacen, supuestamente, en nombre de algo bueno. En este caso, el interés superior del niño. Pero, más allá de eso, el principio rector es el interés superior del niño.
Hay un artículo específico, que es el 19º), que habla de la obligación del Estado de proteger a los niños contra los abusos sexuales, entre otros.
Y, finalmente, el artículo 12º), que es el derecho a ser oído. Esto es algo que iba a decir después, pero para no olvidarme, como menciono este artículo, se las dejo planteada porque es importante: el artículo 12º) dice que todos los niños tienen derecho a ser oídos, etcétera, en las cuestiones que los involucran a ellos. En materia de abuso y maltrato, esto ha traído una confusión muy grande en mucha gente, en muchos funcionarios sobre todo.
¿Por qué? Porque uno de los problemas que tenemos -es un concepto que me viene preocupando- es que hay gente que tiene una interpretación muy lineal de la cosas. Su pensamiento se parece más al pensamiento precisamente de los niños, que es concreto, y no al abstracto. Y es una cuestión... Los psicólogos lo deben tener muy claro a esto, pero es preocupante porque significa, a veces, ver la cosa de manera literal. Imagínense ustedes, cuando la norma dice el derecho a ser oído, y en el nombre del derecho a ser oído yo agarro a una criatura que su papá violó seis años seguidos y la llevo a un juicio y le pongo al papá al lado, y le pregunto que me cuente todo porque si no hago eso estoy violando el derecho a ser oído de esa criatura. Esto pasa todos los días en todo el país.
¿Cuál es el problema? El derecho a ser oído de ningún modo significa la oreja, la cosa lineal de sentarlo y decirle `hablá y yo te escucho, porque vos tenés derecho a que yo te escuche´. El derecho a ser oído en temas como este es crear las condiciones para que esa criatura pueda expresarse; que muchas veces no tiene absolutamente nada que ver con sentarlo y decir `hablá´.
Si no se puede percibir esa diferencia, no vamos a poder aplicar artículos de esa Convención. El derecho a ser oído es exclusivamente la generación de condiciones para que las criaturas puedan expresarse. Y, en algunos casos, será que se siente a contar, que se siente a opinar. Otro caso es, por ejemplo, un adolescente cuyos padres que se están separando, entonces uno dice: escuchémoslo porque ése es su derecho a ser oído; y otro muy distinto es la criatura que durante siete años padeció la violación.
En consecuencia, de todo este cuadro de normativa protectora, por lo menos una síntesis que se puede hacer es la necesidad que surge de los niños de tener una protección especial. ¿Por qué? Esto surge incluso de resoluciones nacionales también. Si nosotros tenemos en cuenta que los niños, por sus características, requieren de una protección especial, diferenciada, que lo diferencie del adulto -después vamos a ver por qué es importante la diferencia entre un niño y un adulto-; entonces nos va a resultar más fácil no hacer lecturas lineales sobre cuál es el procedimiento en cada caso.
Porque nosotros no venimos formados adecuadamente para adaptar los procedimientos a los casos concretos y, fundamentalmente, a las necesidades de las personas sobre las cuales nosotros estamos interviniendo. No sé si esto está claro. Es fundamental tener en cuenta las características de los niños en general, después vamos a hablar del abuso, y en especial la necesidad de protección especial que el Estado les tiene que brindar. Y para eso se necesita diferenciar y se necesita tener la cabeza abierta para adaptar en cada caso los procedimientos.
Por eso la Convención es superadora y la Constitución Nacional es superadora. ¿De qué? De aquella vieja legislación que representa viejos paradigmas; que es la repetición mecánica, dogmática, de normas y de procedimientos que muchos de nosotros, y me incluyo, por la formación dogmática que tenemos, los repetimos mecánicamente. Por eso todavía hay tantas frases en latín en los fallos. Eso de repetir, a veces, cosas que no tienen ningún sentido.
Ahora sí, vamos a las características. Yo voy a mencionar algunas, las principales, sin las cuales es imposible entender – y un poco es la idea de este rato que vamos a estar juntos- por qué pasan las cosas que pasan cuando se interviene mal en estos casos.
Principales características A.S.I.
• secreto
• confusión
• violencia
• “naturalización” y/o amenazas
• responsabilidad
• una cuestión pública
• asimetría
• diferente de los demás delitos
Primera característica: el secreto. El abuso sexual infantil, en su inmensa mayoría, transcurre en secreto. Es un delito que sucede en secreto. Son aislados o, en estadísticas, son minoría los casos que suceden en una esquina llena de gente mirando cómo abusan a un chico. La mayoría no es así, es en secreto.
Y, dentro de esa mayoría, valga la redundancia, la inmensa mayoría son casos que se producen en el ámbito de la familia, en el ámbito del grupo conviviente, en el ámbito de una institución, en el ámbito de vecindad o de amistad. La mayoría de los casos siempre es producto de alguna relación previa, ya sea de máxima intimidad, como puede ser un padre o una madre, generalmente más un padre que una madre, un padrastro, un compañero de la madre, un docente, un vecino, un tío, etcétera.
Esto hace que la regla que impere en este delito sea la del silencio. Porque, si tenemos en cuenta que la mayoría de los abusos se producen con gente vinculada, allegada, que tienen ascendiente sobre la criatura, sobre la víctima; entonces es muy fácil lograr el silencio. Es lo más sencillo del mundo. En primer lugar, porque los chicos hacen lo que los grandes les dicen. Porque los chicos confían en los grandes, es una cuestión elemental.
Por esa situación de secreto es que, a lo largo de la historia, la cifra negra del abuso fue siempre y sigue siendo enorme. Por eso yo decía que desde mi punto de vista no creo que se denuncie el 10 por ciento. Para mí es mucho menos porque, en la mayoría de los casos, no se denuncia porque no se sabe.
Porque la criatura no puede decir; y cuando dice, no es escuchada; y cuando es escuchada, no es creída. Y eso ha venido sucediendo siempre. Entonces, la cifra negra de este delito es gigantesca.
Y piensen ustedes, en términos de combate del delito, en especial de este tipo de delitos, la importancia que tiene la cifra negra. ¿Qué tipo de intervención va a tener el Estado si ni siquiera sabe qué sucede? Entonces, no es poca cosa saber que la cifra negra es gigantesca, pese a que en estos últimos años hubo avances. Después me voy a referir a los avances, a los retrocesos y a los por qué de los retrocesos, que me parece clave para poder mejorar un poco lo que estamos viviendo.
Se tornó un poco más visible porque, más o menos desde hace 10 o 15 años, se empezó a hablar más del tema y la gente se empezó a ocupar más.
Les dije que iba a hacer mención a experiencias personales. Todo lo que estoy diciendo tiene que ver con la experiencia personal pero, puntualmente, yo tuve un caso en Bariloche -uno de los primeros casos de abuso que tuvimos que juzgar- hace muchos años. Era un caso en el cual se acusaba a un padre de haber abusado de su hija.
Era una nena que en ese momento tenía 16 años. Había sido abusada desde los 8, en Chile. A los 12 habían venido a vivir a la Argentina, y había seguido en Argentina. Tenía dos hijos con su padre, pero ni siquiera se había investigado bien en la faz penal estos dos hijos que tenía con su padre. Y llega a juicio.
Cuando llegamos a juicio, de mi parte, yo no tenía ninguna formación específica, mi compañero tampoco, porque no la había. Casi no la hay ahora y no la había 15 años atrás.
Y vamos a juzgar el caso y se sienta primero la madre. La madre había denunciado, la madre había declarado anteriormente y había contado todo, y muchas de estas cosas las había visto ¿Cómo no las va a ver si tenía dos hijos de su padre? Y se sienta la señora. Y, ni bien le estoy tomando los datos para la declaración me dice: `es todo mentira, no pasó nada de lo que dice ahí´.
Y sonamos. Porque, insisto, cada uno de nosotros viene con todo el libreto de la facultad, que no es éste; así que la realidad muchas veces nos da contra la pared. Entonces le digo `señora, todavía no le tomé los datos´. Le tomo los datos y le digo `ahora sí, cuénteme´. `Es todo mentira, es todo mentira. Mi marido ni la tocó. Esto es porque yo me peleé con él, entonces, de rabia, hice la denuncia´. Digo `señora, usted comprende que acá tenemos otro panorama, porque usted contó otra cosa, hizo la denuncia y ahora está diciendo lo contrario. Usted entiende que las dos cosas no pueden ser ciertas. Porque, si usted dijo bajo juramento que habían pasado un montón de cosas y ahora bajo juramento dice que no pasó, eso es un delito en Argentina; porque usted no puede decir dos cosas contrarias. Una de las dos es mentira´. `Sí, -dice- mentí antes, ahora es verdad, porque no la tocó´.
Bueno, no había mucho para hacer, la dejamos detenida a la señora en el momento. No quedó mucho tiempo, pero sí detenida. Después el juez de instrucción habrá resuelto, pero la señora quedó presa. Por razones obvias quedó presa.
Se sienta la nena, entonces, cuando le voy a tomar los datos, me dice `es todo mentira, no me tocó´. Entonces de digo `pará, todavía no te pregunté nada; contame cómo te llamás, etcétera´. Y cuando terminé, le digo `bueno, ahora decime´. Y dice `no, yo estaba enojada con mi papá, siempre me peleaba, entonces yo de bronca dije que hizo eso pero la verdad que ni me tocó´.
Para hacerlo rápido, porque tenemos muchas cosas para conversar, la pobrecita desmintió todo lo que había dicho. De las dos criaturas no sabía quién era el padre, porque se confundió con todo, porque obviamente estaba protegiendo a su padre, el padre biológico.
Y le dije `bueno, chau´. Salió la criatura y siguió el juicio y tuvimos que hacer la sentencia. Ahí viene el cuento. Entonces, hablando con mis colegas, les digo `bueno, ¿cómo hacemos?´. Y, si tanto la mamá como la nena se retractaron, no hay mucho para hacer.
Era un pensamiento producto de esa mecánica que venimos aprendiendo y repitiendo a lo largo de los siglos en Derecho. Pero es una cuestión dogmática nada más, porque la realidad nos estaba diciendo otra cosa.
Entonces les digo: `pero, a ver si entendemos, para ustedes ¿el padre la violó durante ocho años o no?´. `Y, claro, por supuesto. Es lógico´. Digo: `entonces no entiendo, si el abuso de tantos años existió, ¿por qué nosotros vamos a absolverlo?´. Entonces me dijeron `bueno, porque se retractaron´; y digo `a mí no me cierra, ¿por qué no lo estudiamos mejor?´.
Al final yo me comprometí a estudiar el tema y hacer un primer voto y, si funcionaba y estaban de acuerdo, quedábamos los tres; y si no, no.
Les cuento esto porque me fui a mi casa, y me puse a buscar, y yo no tenía un sólo texto que hablara de esto que estoy contando, porque no se escribía sobre esto.
Porque cuando se estudiaba en la facultad –yo estudié hace 30 y pico de años- en aquella época, y hoy no creo que haya variado demasiado, los delitos sexuales se estudiaban de un libro que encima era de color rosa. No me pregunten por qué, pero de verdad. Si algún colega se acuerda, era de color rosa, de Tieri, creo que se llamaba el autor. Ahora, ¿por qué le pusieron el color rosa? Impresionante. Pero de esto no decía nada. Porque el libro qué decía. Decía lo que es la violación, lo que es la penetración, lo que es un pene. Pero eso qué tenía que ver con esta cosa que yo estoy contando tan particular, de venir a decir `no me tocó´. No había forma, en teoría.
Y lo único que encontré que me pudo ayudar fue un libro que sí estaba escrito en ese momento. Que no era de abuso pero sí era de violencia familiar, -muchos lo deben conocer-, era de Graciela Ferreyra. Y yo dije `esto tiene que tener algo´. Lo había leído, pero no con esta idea.
Entonces lo empecé a releer rápido, no tenía mucho tiempo, y encontré que había un punto de contacto, que tenía que ver con ciertas cosas que le pasan a la señora víctima de abuso. Lo fui hilvanando con lo que le pasaba a esta criatura y a la mamá. Muchos años después, comenté este episodio con Graciela Ferreyra, y le conté lo que significó tener ese libro en mi casa.
Entonces, hago un voto en el cual, por primera vez -porque no se había hecho antes-, interpreto la retractación al revés. O sea, esa retractación es la prueba de que pasó. Y, por unanimidad, sale condenado este hombre por corrupción.
Pero la parte tremenda de este caso, y la cuento porque a veces un caso solo puede aclarar muchas cosas, a pesar del tremendo dramatismo que tiene... Fue una de las cosas que me rompieron la cabeza en serio, muchas me rompieron la cabeza, pero ésta es una de las que me sacudió el cerebro, mal, de muy mala manera. En la última parte de la sentencia, después de la condena, puse que `advirtiéndose el estado de indefensión y vulnerabilidad que tenía esta criatura´, porque imagínense que habían puesto presa a la madre ese día y tenía un padre que la violó durante ocho años. Estaba hablando desde la ignorancia, acuérdense que yo en ese momento no tenía idea, como la mayoría, la totalidad de mis colegas, porque no habíamos sido formados. Pero sí podíamos percibir que esta criatura –porque había que ser tonto para no darse cuenta- era vulnerable. Y entonces, pongo que la criatura está en estado de vulnerabilidad y que, con la urgencia del caso, se le dé intervención a la asesora de menores, que era en ese momento –no sé hoy- el cargo que había en Río Negro.
Firmamos la sentencia, que salió por unanimidad, y me voy. Era fin de año y me voy de feria. Veinte días después vuelvo y tenía los diarios, el diario Río Negro, que había juntado el diariero para que pudiera leer lo que había pasado en ese tiempo. Entonces, empecé a leer 20 días de diarios. Y en unos de los diarios veo que dice: `estaría esclarecido el homicidio de fulanita de tal´. Se me hiela la sangre porque me sonaba el nombre. Era un domingo. Me voy al Tribunal, busco el protocolo de sentencia y era esa nena; le habían pegado un tiro en medio de la frente.
Traten de imaginar lo que estoy relatando, lo que puede sentir el que hizo el juicio y el que escribió que esa nena estaba en riesgo, y ve en el expediente que la asesora de menores recibió el expediente ese mismo día. Por supuesto, no hizo nada.
A la nena la mataron y, para no extender el cuento, ése fue el final de ese caso. Con la nena muerta y yo con una de las tantas bisagras que uno va viviendo en la vida. Primero, la congoja de que haya muerto esta criatura por la desidia de un sistema que no supo protegerla y, en segundo lugar, la lección de que ni siquiera hay que confiar en que el funcionario siguiente –en esta especie de `al don pirulero´, donde cada uno debería atender su juego y no lo atiende- va a hacer lo que tiene que hacer.
En la medida de lo posible, hay que estar encima hasta que un día estemos tranquilos de que cada uno asume su responsabilidad. Pero esta nena se llamaba Sonia y la mataron.
Segunda característica: la confusión. Las criaturas que son abusadas tienen una confusión muy grande en la cabeza, porque tienen una mezcla de sensaciones. Tienen sensación de culpa; de auto-recriminación; de ira; de enojo, gran enojo; de afecto, porque en la mayoría de los casos son personas allegadas. Entonces, traten también de imaginar qué pasa por la cabeza de una criatura que tiene estas cosas en la cabeza al mismo tiempo. Nosotros, en general los adultos, cuando tenemos bronca contra alguien tenemos sólo bronca. Difícilmente se nos mezcle de esta manera. Pero en la criatura está mezclado, porque tiene cariño por la misma persona que la está destrozando.
Esa confusión marca una de las características que tiene la criatura abusada, que no sólo no es tenida en cuenta por el sistema cuando analiza la declaración, sino que es interpretada en contra de la criatura. Es decir, todo ese estado de confusión, que se traduce en determinadas contradicciones, en lugar de analizarse como resultado lógico de un fenómeno que genera confusión, es interpretado como contradicciones que, en el ámbito del derecho, llevan a una duda insalvable que no podemos superar, para usar una frase remanida de nuestros queridísimos jueces.
Esto es muy importante. Si nosotros no tenemos en cuenta el estado de confusión y lo interpretamos como habitualmente se interpreta, estamos violando la ley, además del daño que le significa a la víctima.
Tercera característica: la violencia. En el 100 por ciento de los casos de abuso hay violencia. No existe posibilidad material alguna de que no haya violencia. Y esto parece de perogrullo y no es de perogrullo. Porque hay muchísima gente también que, por alguna razón inconfesable, llega... después les voy a leer un caso muy particular.
Aclaro que no les voy a hablar de casos locales porque nunca lo hago, porque no es correcto estar discutiendo casos del lugar cuando hay gente del lugar que está involucrada en esos casos y tiene opinión formada, sobre todo cuando son casos difíciles. Pero sí voy a mencionar casos, algún caso muy fuerte, que para mí tiene la ventaja de englobar todas las patologías posibles de cómo se interviene mal en casos de abuso.
Hay interpretaciones en las cuales, por alguna razón, como decía inconfesable muchas veces, se intenta disminuir en alguna medida el efecto del abuso. O que no fue tan grave, o que no causó tanto daño, etcétera.
Tanto la violencia física como la violencia psicológica son reales, están presentes en los abusos. En algunos casos hay mayor proporción de una, en otros casos mayor proporción de otra. Hoy, la violencia psicológica no puede ser discutida seriamente, habiendo una Convención que específicamente la define, la aclara, etcétera.
La nueva ley de violencia familiar que está en el Congreso, que es una ley, como decía ayer en Roca, muy importante porque, de sancionarse, incorpora estas cosas que estamos conversando. Es una vuelta de tuerca sobre la ley anterior, la de Nación y las que tienen las provincias. Llevó mucho trabajo. Yo participé de la hechura. La consigna inicial era que fuera una ley superadora de la anterior pero, sobre todo, que tuviera en cuenta estas cosas.
Es un proyecto de ley en el cual, para que tengan una idea, en síntesis, el juez de cualquier fuero que sea, que reciba algún reclamo de necesidad de contención y de ayuda de algún tipo a una mujer víctima de violencia, está obligado a dar esa ayuda con total independencia del fuero. Después que se pongan a discutir la competencia, pero terminemos de mandar a la gente de un lado para otro. Esa ley lo especifica. Y, como eso, todo el resto.
Digamos que el esfuerzo intelectual puesto en esa ley fue que terminemos de llevar a la gente a pasear de un lado para otro porque en el camino la matan. Es una realidad de la que hay que ocuparse y hay que ocuparse en serio. Ojalá en otra visita podamos contar con esta ley sancionada, eso sí puede ayudar, y mucho.
Cuarta característica: la naturalización y/o amenazas. ¿Por qué? Muchos de los abusos se producen cuando los abusadores convencen a sus víctimas de que lo que hacen es normal, es natural; porque lo hacen todos los papás con sus hijas, o todos los tíos con sus sobrinas, etcétera.
Y es lógico que crean esto porque, como les dije antes, las criaturas le suelen creer a sus mayores y mucho más si tienen un vínculo afectivo. Y esto no es poca cosa.
Primero, porque esa normalización, esa naturalización que le transmite el abusador es la que impide muchas veces que esa criatura lo cuente.
También tiene, y pude tener, una trascendencia jurídica, porque yo muchas veces he llegado a la conclusión, en fallos sobre este tema, que es una clara muestra de corrupción de menores. El delito de corrupción, que es más grave, tiene más pena. ¿Por qué? Porque le estoy haciendo creer que es normal esto.
Y esto es tan sencillo; pero a pesar de ser sencillo, no es tomado en la mayoría de los fallos. Por eso decía que es tan importante tener en cuenta estas cosas. Porque razonar sobre esto es fácil.
Si se comprueba que la criatura recibió como mensaje de su abusador que es lo más normal del mundo que los padres hagan eso con sus hijos, se ha desviado su despertar normal sexual, su etapa evolutiva de aprendizaje sexual, y eso es una corrupción acá y en la China, en cualquier lugar.
En cuanto a las amenazas, a los chicos chiquitos en general no hace falta amenazarlos, porque son chiquitos y, como creen en lo que les dicen, con sólo hacerles creer que es normal, que es natural, que además no le tienen que contar a nadie. Los chicos hacen eso y no hace falta amenazarlos.
Pero hay un momento en que esa criatura llega a otra etapa evolutiva y, por la edad, porque se sociabiliza un poco más, porque tiene amiguitos o hay un poco más de intercambio, ya se impone amenazarla. Entonces el abusador, ustedes lo van a comprobar, empieza con las amenazas. Que van a matar a la madre, que la van a matar a ella. Por supuesto que la criatura cree en todo esto, porque cree en el adulto. Y, de esa forma, logran el silencio de la criatura.
En esto también he visto muchos casos en los cuales se llegó a dudar de que el hecho haya sucedido porque la criatura volvía. En un caso del interior de la provincia de Río Negro, donde uno de los votos decía `y, bueno, pero volvía la criatura´. ¿Por qué volvía? Volvía porque el señor le había dicho que le iba a matar a la madre si no volvía. Por eso volvía. Porque tenía 10 años y volvía.
Quinta característica: la responsabilidad. La responsabilidad en el 100 por ciento de los casos de abuso es del abusador. Esto también parece una tontería y no es una tontería. Si ustedes analizan casos, los estudian o van a juicios, van a notar que es muy frecuente que de alguna manera se disminuya o se atenúe la responsabilidad. Por muchas razones.
¿Cómo se atenúa la responsabilidad? Por ejemplo, con la provocación. Ustedes recuerdan, los más grandecitos, el mito de Lolita. Si ustedes recuerdan, y vieron la película `Lolita´, la versión última, la de Jeremy Irons. A mí me impresionó una escena. Si no la vieron, veanlá. En esa escena, Jeremy Irons llega a una casa donde va a alquilar una habitación. La dueña de casa le muestra la casa. A él no le gusta. Se nota que no le gusta la casa. Cuando sale –de compromiso sigue mirando-, llegan al jardín, y en el jardín está acostada boca abajo la hija de la señora. La señora de dice `ésta es mi Lo´, por Lolita. Y Lolita es una adolescente grandecita, con un físico precioso, que está boca abajo en el pasto leyendo un libro, con los pies hacia la cola, y con un aspersor que está regando el pasto y le moja la remera, con lo que eso implica desde el punto de vista sensual. Ésa es la escena que se describe en esta película, que por supuesto hace que este Jeremy Irons decida alquilar la habitación, y ahí comienza toda la trama de Lolita.
Les pido que presten atención a esa escena, o que vean la película. A mí me impresionó cómo la cuentan. ¿Por qué? Porque Lolita es una nena. La Lolita del libro y de la película es una nena. Pero en la escena no ponen una nena. Y ahí uno dice: `¿Qué pasa con el espectador?, ¿Con quién se identifica?´. Con el señor, porque dice que es un ídolo ese señor, porque en algún momento va a poder seducir a esta criatura, que para el espectador no es una criatura, porque si tiene semejante físico no es una criatura.
Entonces, ¿por qué cito esta película? Porque me parece que la descripción de la escena que hace el director es suficientemente clara y perversa, y define al director. Porque nos está contando una mentira. Nos está contando cómo un adulto puede seducir y tener relaciones con una nena y que eso esté bien. No sólo está bien, se lo admira por hacer eso. Esto está en nuestra cultura, esa película.
Pero, detrás de esto hay un montón de mitos de Lolita que están en nuestros tribunales. Son aquéllos casos en los cuales vamos a juicio y ni siquiera nos damos cuenta de que la criatura viene cuatro años después; o sea, que ni siquiera la criatura que fue abusada es la que viene ahora, físicamente. La que viene ahora es una terrible mujer, con los pantalones ajustados.
Y no quiero que ustedes se imaginen siquiera lo que muchos jueces pueden llegar a comentar en la intimidad sobre esta chica. Pensamos que no porque, además, no quiero que se ofenda a nadie, porque yo me incluyo, no entre los que piensan así, sino que me incluyo en la categoría de juez. Mi intención no es molestar ni ofender a nadie. Pero es un tema de la suficiente gravedad como para que aquellas cosas que son ciertas se digan. Porque si no, no van a coincidir con la percepción que uno tiene y van a creer que uno está loco. No está loco el que percibe que hay algo que no camina.
Responsabilidad, entonces, 100 por ciento del abusador. Cualquier argumento que tienda a disminuir la responsabilidad es mentira y además es ilegal. La criatura no hace ni puede hacer aporte alguno al abuso, ninguno. Ni la provocación, ni nada de lo que haga la criatura, puede significar una disminución de la responsabilidad.
Después van a ver por qué. Porque hay casos concretos donde se suele atribuir a esa provocación de la criatura... En Italia hay un fallo de la Corte de Casación por el cual se absuelve una violación porque la señorita que decía haber sido violada tenía `jeans´, y los `jeans´ son tan ajustados que sólo se los puede sacar si quiere. Y esto, que parece de ciencia ficción, es real. Y uno dice `no, estamos locos´; pero, bueno, hay sociedades que toleran ese tipo de fallos.
Sexta característica: una cuestión pública. Durante siglos, el maltrato y el abuso infantil se tomaron como una cuestión privada. Por supuesto que la violencia familiar también. Y esto no es gratuito, esto no es casual, esto es producto también del imaginario, esto también es producto de la utilidad que tiene llamarlo cuestión privada. La verdad es que hay gente que al día de hoy sigue diciendo, en muchos rincones de nuestro país, que son cuestiones privadas.
A la luz de los nuevos paradigmas, a la luz de la Constitución Nacional, de la Convención sobre los Derechos del Niño, de la Convención para Eliminar la Discriminación contra la Mujer, etcétera, es absolutamente claro que todo lo que le haga daño a un niño es público y no es privado, en todo sentido. El maltrato y el abuso son públicos. Es el Estado nacional el que tiene interés en intervenir, porque por eso ratificó esas Convenciones y por eso reformó la Constitución.
Cualquier otro argumento es mentira. Cualquier otro funcionario que diga que estas cosas son privadas está mintiendo, porque está defendiendo una ideología insostenible. Lo que les pasa a los chicos es público. Ningún padre ni madre ni tío tiene derecho a maltratar o lastimar a un chico. Y, si lo hace, el Estado tiene la obligación de intervenir. Que quede claro esto, porque no debería admitir discusión alguna.
La última característica es la asimetría. Yo antes les decía que el niño es niño y el adulto es adulto. En esto es obvio que hay una diferencia. No es una diferencia menor y además significa muchas cosas.
Esa asimetría, ¿qué trascendencia tiene en la intervención? En primer lugar, hay montones de situaciones que el derecho considera que presuponen paridad. Les doy un ejemplo para que se entienda lo que quiero decir: los careos. En el derecho argentino existe, como medida probatoria, el careo. Hay muchos lugares de la Argentina, aunque parezca mentira, donde los tribunales enfrentan a las víctimas de abuso con sus presuntos abusadores.
Esto, además de ser absolutamente brutal, es absolutamente ilegal a la luz de la Constitución Nacional; entre otras cosas, presupone –además del nivel de maldad y de perversión del funcionario que puede llegar a tomar una medida como esa-, un nivel de ignorancia extraordinario; porque esta medida está prevista para pares. Careo significa, cara a cara, confrontar opiniones contrarias.
Si sospechamos que la criatura pudo ser abusada, y esto llévenlo al terreno al terreno de la violencia familiar contra la mujer adulta, existe una vulnerabilidad propia de los niños, absolutamente natural, derivada de su calidad de niño, que no se puede alterar. No hay forma de que un niño deje de ser niño. Enfrentar a un niño con su posible abusador es una inmundicia. Además es una ilegalidad. Y pasa.
En Buenos Aires hubo un caso, que fue muy famoso, de un músico, flautista del teatro Colón. Ese caso se juzga y el Tribunal –se lo acusaba de haber abusado de sus dos hijos- no encontró mejor idea que llevar a los chicos y enfrentarlos con el padre. Pero, para que no quede tan mal, en lugar de llamarlo careo, lo llamaron entrevista o alguna cosa así.
Ahora, imagínense ustedes poner a los dos chicos frente al padre. Esto fue hace pocos años, y fue en Buenos Aires. ¿Qué pensamiento pudo llegar a tener ese Tribunal para creer que podía enfrentar a dos chicos con su padre, si la sola presencia del padre le iba a helar la sangre a las criaturas? Pero pasa, y pasa seguido.
Esa asimetría es la que también condiciona todos los días la intervención, desde el primer momento hasta el último. Si uno no considera la asimetría, se va a equivocar o va a violar la ley.
Y la síntesis de estas características es la diferencia que hay entre el abuso sexual infantil y el resto de los delitos. Precisamente, es la síntesis de esto que yo acabo de ejemplificar ¿Por qué? Porque si no logramos tener absolutamente claro que es un delito con particularidades que lo diferencian de otros delitos, si no enseñamos esto en el primer año de la facultad de Derecho o en Psicología, nos vamos a equivocar. Porque vamos a seguir formando abogados que tengan mecánicamente un sistema de intervención presuponiendo que en todos los delitos la única diferencia que hay es que tienen una pena distinta o que tienen una definición distinta en cuanto a cómo tiene que ser.
Fíjense que hay Tribunales que la día de hoy siguen llamando ``estupro´, siguen llamando `abuso deshonesto´, y siguen llamando `violación´. Lean, por favor, la reforma que tiene 10 años o más. Es abuso sexual más o menos ultrajante, pero es abuso sexual. Depende del nivel de enfermedad que tenga cada uno, va a ser más o menos ultrajante pero, por Dios, es abuso sexual.
Esta diferencia entre los delitos comunes y el abuso sexual infantil es la que marca la obligación de intervenir de una manera diferente. Les doy un ejemplo más que concreto: ¿Dónde vieron ustedes que cuando se está juzgando un caso en que a alguien le robaron el auto, se le pregunte si paseaba provocativamente con el auto delante del ladrón? Nunca. O si exhibía su reloj provocativamente. Y a la chica le preguntan qué ropa tenía ese día.
Es un ejemplo sencillo. Esto es así. Esto es ideología en acción. Esto son cabezas podridas juzgando casos. Perdón por la crudeza, pero esto es real.
Si yo veo que al señor al que le robaron el auto lo tratan bien y no le preguntan sobre cosas tan íntimas y a la señora le dicen, `¿pero usted tenía pollera o tenía pantalón?´, me digo `¿qué tiene que ver?´.
Bueno, esta diferencia con los demás delitos es absolutamente definitoria a la hora de intervenir. Si no se tiene en cuenta eso, olvídense de aplicar la legislación protectora adecuadamente.
PRINCIPALES CONSECUENCIAS
• Daños físicos
• Trastornos psicológicos
• Trastornos disociativos
Los daños físicos. El abuso genera en muchos casos, no siempre, daños físicos. No es obligatorio que haya daño físico. Dentro de ese dogmatismo que yo censuraba antes, de repetir mecánicamente fórmulas de derecho, es muy común que haya tribunales que consideren que al no haber daño físico no hay abuso, siendo que hay infinitos abusos -he juzgado cantidades de abusos- sin daño físico. Si a una criatura la hacen practicar sexo oral 10 años seguidos no va a tener daño físico pero va a tener la cabeza frita. Es un hecho eso.
Cuando sí hay, cuando hay daño físico, lo más frecuente son los daños genitales y anales, desfloración temprana, himen complaciente. Yo he visto fallos en los cuales, por tener himen complaciente, se absuelve, porque no alcanza a probarse que hubo una penetración. Pero también es una interpretación subjetiva.
Otros daños físicos posibles son desgarros vaginales, desgarros genitales, lesiones típicas, embarazos, determinadas lesiones y hematomas, y escoriaciones específicas.
Éstos son los que teóricamente se llaman `indicadores específicos´ del abuso.
Otros indicadores son inespecíficos, como pueden ser los trastornos psicológicos, determinados tipos de dolores abdominales, trastornos alimentarios, bulimia y anorexia. De ningún modo significa que la bulimia y la anorexia impliquen abuso, pero sí significa que es algo que hay que tener en cuenta y no descartar, por eso no es un indicador específico. También la enuresis y la encopresis. La enuresis en cuanto a la posibilidad de retener la orina y la encopresis, la materia fecal.
Les cuento rápidamente un caso de Bariloche. Juzgamos un caso que llega a debate por una criatura cuya mamá la lleva a la salita, en Bariloche creo que era, o en un punto cercano a Bariloche. La lleva porque tenía lastimado el mentón. La médica de la salita le mira el mentón, lo está curando y siente olor a caca. Y no coincidía el olor a caca con la edad de la criatura.
Entonces, la revisa a la criatura y tenía el ano destrozado. Hace la denuncia la médica. Se investiga. Se lleva a juicio al hermano biológico, adulto. Se lo condena por el brutal abuso de esta criatura. Y luego, ya condenado, se continúa la investigación, que se manda a hacer sobre la hermanita menor, que parecía que también estaba siendo abusada por el hermano.
Si esa médica no prestaba atención al olor a caca, no tenía el nivel de sensibilidad para ver qué estaba pasando ahí, mientras nosotros estábamos hablando, a esa nena la iban a seguir abusando de adulta. En este caso no fue así. El hermano está preso.
Esto también es un llamado de atención sobre la formación que tiene que tener el profesional de la salud y, además, la sensibilidad; porque la formación sin la sensibilidad no sirve para nada.
Los trastornos psicológicos, que son imposibles de medir. Son ejemplos muy frecuentes, y yo lo he visto en casi todos los juicios. No todos juntos, pero sí diseminados. Son la culpa, la baja autoestima, la depresión, el miedo, la vergüenza, las pesadillas, la claustrofobia, la tentativa de suicidio, la alta dependencia, la prostitución.
Todas estas cosas, que uno ve más o menos reiteradas, desde un ángulo inadecuado pueden ser interpretadas de otra manera; pero si sabemos la vinculación que tienen con el abuso, las vamos a poder poner en el lugar adecuado.
Entonces, no es lo mismo la vergüenza, o la pesadilla, o el miedo; que es lo que hace que en última instancia las víctimas se confundan y haya retrocesos o haya avances en sus relatos. Ese tipo de trastornos son derivados, en muchos casos, del propio abuso. Fíjense por qué.
En 1983, Ronald Summit, un investigador de estos temas, describió y llamó “síndrome de abuso” a este fenómeno que iba sucediendo con las criaturas víctimas de abusos sostenidos en el tiempo, continuados. Entonces, habló de una etapa de secreto, de desprotección, de atrapamiento, de acomodación de la criatura al abuso, de revelación tardía y poco convincente, y de retractación.
Esto es extraordinariamente importante, fíjense, desde el punto de vista no sólo de Summit sino de cualquiera que tenga sentido común. Si analizamos las características del fenómeno, y tenemos en cuenta los trastornos psicológicos que puede sufrir y debe sufrir la víctima por este tipo de abuso, que termine teniendo revelación tardía y poco convincente es el resultado directo de todo eso. No porque esté inventando lo que está pasando. Ésta es la diferencia entre blanco y negro.
Entonces, cuando uno se agarra de la revelación tardía y desconoce esto, es porque es un ignorante del derecho. Porque tendría que saber perfectamente que ya está definida esta característica de la revelación tardía, que no es por azar, que la revelación tardía es el producto de las propias características del fenómeno, porque se ha mantenido en silencio durante años.
La mayoría de los abusadores, y yo lo he visto en los juicios, llevan a las criaturas al colegio y las van a buscar, para que no intercambien con nadie. Por eso hay que hablar con los docentes y hay que hablar con los vecinos, para ver cuál es el ritmo de vida del posible abusador.
Y, finalmente, la retractación. Yo contaba cómo se interpretó en el caso que juzgábamos nosotros la retractación. La retractación, en un caso concreto, con las pruebas adecuadas y en el contexto adecuado, no puede ser otra cosa que la confirmación. Es elemental. Si a la criatura se la deja a merced no sólo del abusador, si está libre, no sólo del resto de la familia que suele presionar porque todo esto todavía sigue siendo considerado por mucha gente como algo privado; si a la presión que va sufriendo la criatura le sumamos la presión del sistema de intervención –que la revisan 25 veces, que le hacen contar 30 veces lo que le pasó-, de ahí a que se retracte hay un trecho mínimo. Porque nosotros la estamos llevando a retractarse; no podemos no reconocerlo, es perverso.
Dos cosas muy importantes dentro de las consecuencias psicológicas, los trastornos. Yo observé hace mucho tiempo en dos casos que juzgábamos, algunas cosas que me iban llamando la atención y las anotaba.
Una de ellas era que las criaturas que venían a juicio... Estamos hablando de una época en la cual todavía los chicos iban a los juicios y hoy en muchas provincias todavía los chicos van a los juicios. Las nenas se sentaban en el juicio. Habían sido víctimas de abusos muy serios. El entorno, imagínense cuál era: tres tipos de saco y corbata, un fiscal de saco y corbata, un defensor, toda gente desconocida. La criatura se sentaba y los jueces, más arriba. Ustedes se imaginan. Si el adulto tenía que mirar más arriba el estrado, imagínense la criatura. Y desde arriba se le está diciendo `¿dónde te metieron el pito?´, creyendo que de esa manera suavizamos el impacto sobre la criatura.
Yo notaba en esos casos que muchas criaturas o lloraban; o no lloraban pero les brotaban lágrimas, no se movían pero les brotaban lágrimas; o, sin lágrimas, miraban al vacío y no pronunciaban palabra alguna. Entonces, diez minutos después, el fiscal decía que así no se podía preguntar nada. Y terminaba la declaración de la criatura, que no había dicho nada.
Claro, ahora, con todo lo que estamos conversando hoy, si uno se pone a analizar esto, se da cuenta de que lo enfermo era tener a la criatura ahí sentada. Porque yo, como en ese momento ya había vivenciado estas cosas, decía `bueno, ¿cuánto vamos a esperar? ¿Cuánto tiempo hay que esperar de silencio?´. Y, depende. ¿Saben de qué depende? Yo descubrí que depende del sadismo del que está esperando. Sin ofender a nadie, pero tiene que ver con el sadismo también.
Porque, de última, ¿qué le estoy pidiendo? Lo que no me puede dar. Y, con todo respeto y salvando las distancias, es como que yo siente a un perrito, le pregunte algo y me quede ahí esperando. No puede. No es que no quiere. El perrito no puede. Y acá veía más o menos lo mismo.
Trastornos disociativos. Una cosa fundamental. Observé en los juicios que las víctimas de estos delitos muchas veces... Todos nosotros, todos los que estamos aquí, frente a situaciones altamente estresantes, muy traumáticas –accidentes graves, muertes cercanas o cualquier hecho muy traumático-, desarrollamos mecanismos de defensa. Los psicólogos lo tienen que tener muy trabajado. Todos hacemos eso. Mecanismos de defensa para poder absorber lo que nos pasa y seguir adelante.
En el caso de las criaturas abusadas, ustedes tienen que, por ejemplo, una nena de 10 años todas las noches recibe a su abusador. Es el padre o el padrastro quien abusa. Se mete en la cama. La viola. Y a la mañana, la nena se tiene que poner el delantal e ir al colegio. En muchos casos, es la misma persona que le unta la tostada el que se metió en su cama la noche anterior.
Esa criatura, para no desintegrarse, para no estallar, necesita desarrollar algún mecanismo de defensa que le permita ponerse el guardapolvo e ir al colegio. Ése es un trastorno disociativo. Es un mecanismo de defensa, inicialmente.
Como estos abusos son continuados, ese mecanismo de defensa, que inicialmente, en los primeros tiempos, se dispara ante la presencia del abusador en su cama, cuando el abuso se va haciendo crónico se va disparando frente a otros estímulos distintos. Como, por ejemplo, entrar a una sala de audiencias después de haber sido abusada cinco años, y que desconocidos le pregunten sobre este tema. ¿Y qué pasa cuando se dispara este mecanismo? Mira al vacío ¿Y qué hace el sistema? Dice `bueno, entonces no sabemos qué pasó. No podemos condenar a nadie´.
Esto es importante porque es uno de los aspectos que más hay que tener en cuenta para tratar de entender. Primero, por qué no hay que llevar los chicos a los juicios. En segundo lugar, cómo interpretar los silencios. Pero de buena fe, siempre de buena fe.
Finalmente, para esta etapa, hay un caso muy importante, también de Bariloche, que me dejó muy impresionado por una frase que dijo una criatura.
Era un caso que había empezado como tantos otros, con manoseos. Porque la nena le había relatado a la directora del colegio o a la maestra que el padrastro la manoseaba. Entonces, empieza la causa de lo que en aquella época se llamaba `abuso deshonesto´. Por lo tanto, como era un delito excarcelable, el hombre estaba en libertad, el padrastro, y la criatura había contado estas cosas. La causa va avanzando y el juez se da cuenta de que no son esos tocamientos.
Que además les cuento, como cosa de color pero que también marca que necesitamos avanzar mucho: ¿ustedes saben cómo se escribe y cómo se escribía en aquél momento este tipo de tocamientos? En muchos casos ustedes leen todavía en esos expedientes que dice `fue víctima de tocamientos inverecundos en zonas pudendas´. Siempre me impresionó eso porque, realmente, hay que tener una mente extraordinaria para inventar ese tipo de razonamientos, pero es generalizado. Hay colegas que se deben acordar de esto porque se ve, se ve y se escribe. `Tocamientos inverecundos en zonas pudendas´. Si es más fácil decir `la manoseaba, le tocaba la cola´. Esto también, lamentablemente, tiene que ver con aquella distancia con que queremos contener y que a mi entender, no ayuda mucho.
En esta causa, que empieza por `tocamientos inverecundos en zonas pudendas´, se da cuenta el juez que hay cosas más graves que esas zonas pudendas tocadas y recaratula la causa como corrupción de menores o violación. Por supuesto, el señor desaparece. Pero desaparece junto con la mamá de la nena, la mamá biológica. Y dejan a la nena en Bariloche. Queda al cuidado de una tía, una muy buena tía, muy contendora y muy buena persona. Se va la mamá con el papá, con el padrastro, y se va con una hija chiquita de los dos años. Esa hija sí era de los dos, esto es importante. Y se van y nunca más se sabe. Conclusión, la causa se guarda en un casillero y nada, se espera.
Pasa un tiempo largo, unos años. Y en un programa de televisión, creo que era de Susana Giménez, un programa de Buenos Aires que se veía en Bariloche, la empleada del juzgado de instrucción que intervino en esta causa, ve que atienden un llamado, creo que era Susana, y dice `¿Cómo te llamás?´. `Fulana de tal´. Y la empleada dice `¿no será...?´, porque creo que no tenía un apellido común. Y le avisa al juez. Y el juez manda un exhorto, consiguen los datos, allanan el domicilio de esta nena y meten preso a este señor, que es traído a Bariloche y los juzgan.
¿Qué quiero contar del caso? Esa chica había sido abusada regularmente durante añares por este señor. La madre era tan mala que, cuando la nena se portaba mal, le decía `te mando con fulano´, que trabajaba en el mismo edificio donde vivían y la mandaba al departamento. La entregaba a este señor. Por supuesto, cuando terminó el juicio, nosotros además denunciamos a la madre. La madre no estaba siendo juzgada.
Se sienta la nena en el juicio. Tenía en ese momento 16 o 15 años. Habían pasado varios años, por supuesto. Había estado con su tía, muy contenedora, una muy buena persona. Y, entonces, se sienta y cuenta lo siguiente. Cuenta lo que ya había contado, de cómo se producían los abusos. En el camino ya se había allanado el videoclub de donde él sacaba las películas pornográficas que le hacía ver, etcétera. Es decir, todos esos relatos eran validados por el registro que tenía el video.
Un caso muy redundante, pero de un nivel de perversión pocas veces visto. Y esta nena dice: `al principio, me ponía en la bañadera, abría la canilla y me ponía la cabeza dentro del agua; cuando me estaba por ahogar, la sacaba´. Así describe la nena. `Pero esto después lo dejó de hacer porque yo después, con sólo abrir la canilla, ya hacía lo que él decía; como los perritos, viste´, dijo la nena.
Esta nena no tenía ni idea de lo que era el reflejo de Pavlov, pero verdaderamente esa descripción, que es alucinante, que es el producto de lo que percibió esa criatura y, gracias a la contención que tuvo, pudo relatar el episodio; muestra la perversión del individuo, que ya ni siquiera hacía falta ahogarla o este trágico submarino –una de las tantas consecuencias culturales del terrorismo de Estado-, ya no hacía falta llenar la bañadera, abría la canilla y la nena automáticamente se entregaba.
La idea, en síntesis, es que las consecuencias del abuso son absolutamente extraordinarias. Es imprescindible tenerlas en cuenta, así como las características del fenómeno. Hasta acá vimos esto. Después vamos a ver otras cosas, que son cuáles son los obstáculos para que estas cosas se puedan hacer bien.”
(Receso)
PROSIGUE LA CONFERENCIA DEL DR. ROZANSKI
EL DEVELAMIENTO
• Espacios de la revelación
• El hogar
• La escuela
• Profesionales de la salud
• Medios
o Síntomas
o Signos
o La palabra
El develamiento. En la escuela es muy común, muy común. Primero porque los docentes, con esa vocación que tienen de víctimas, porque son víctimas, pero realmente son personas sumamente sensibles. Por lo tanto están atentos. Entonces, lo que va pasando dentro del colegio lo perciben y, cuando pueden, se involucran, sobre todo cuando hay algún espacio institucional, en general de parte de las autoridades de esa escuela. Entonces, necesariamente estos casos pueden por lo menos ser denunciados. Cuando el espacio se cierra, se complica.
En cuanto a los profesionales de la salud, yo contaba antes el caso de la médica que vio a esta nena lastimada. Otra señora me contaba antes que a ella le pasó algo parecido en su propia vida personal, en cuanto a la detección en el ámbito de la medicina. Tanto en un caso como en otro, y en otras profesiones, lo que marca esto es la necesidad de sensibilizarse; es decir, de capacitar para que se esté más atento a estas cosas.
En cuanto a los medios para la revelación del abuso, hay síntomas, hay signos y, finalmente, puede ser a través de la palabra. Los síntomas se producen en el cuerpo, son un poco los que yo mencionaba antes; determinadas manifestaciones físicas que son más sencillas de reconocer.
En cuanto a la conducta, los signos son trastornos de conducta; son formas en las cuales también la criatura está expresando lo que le está pasando. Tiene que ver con conductas sexualizadas, eso es muy común, sexualizadas no correspondientes con la edad que tiene la criatura. Muchas veces hay fracaso escolar a raíz de esto, es muy frecuente el fracaso escolar reiterado como producto del propio trastorno. Hay fugas del hogar; etcétera.
Y, finalmente, la palabra. Es decir, los más chiquitos no pueden hablar y lo manifestarán a través del cuerpo o como se pueda, y los más grandes a veces lo pueden decir.
LA ETAPA SIGUIENTE AL DEVELAMIENTO
Cuando hay develamiento, cuando por alguna razón se sabe que hay abuso, o se sospecha que hay abuso, se inicia una crisis. Éste es un tema no muy hablado. Se produce una crisis en las familias, porque tienen miedo a las sanciones judiciales, tienen miedo a la venganza, tienen miedo a las separaciones, separaciones que se producen inexorablemente, porque esto rompe la familia. O sea, que esas amenazas de que la familia se va a destruir se concretan.
CRISIS
- en las familias
- en los operadores
Y esa crisis en la familia en casi ningún caso tiene la contención adecuada. No tienen la contención adecuada, con lo que eso implica para el avance de la intervención. Imagínense ustedes una pobre señora que escucha lo que le está pasando a la nena, que no es una entregadora, por supuesto, estamos hablando de aquella señora que se entera de lo que está pasando y que es su compañero el autor o algún otro allegado. Imagínense la diferencia entre que esa señora encuentre algún tipo de contención o que no la encuentre; ya sea familiar, de amistades, institucional, o de alguna índole.
En primer lugar, como les decía antes, la responsabilidad y la obligación es del Estado, que debe generar algún espacio de contención donde la señora pueda ir y encuentre la respuesta adecuada.
La crisis en los operadores es un tema apasionante, porque es una de aquellas cosas menos aceptadas por nuestra sociedad. No sólo en el caso del abuso infantil, en cualquier caso que presente crisis en los operadores. El operador de temas de violencia, no sólo de abuso, de abuso y violencia familiar, de delitos comunes, violencia en general.
El operador que trabaja en abuso está en contacto con hechos que le provocan cosas muy fuertes a él mismo como operador. Le provoca, muchas veces, inhibiciones. Le provoca repugnancia. Está involucrada su propia historia sexual.
Todo ese atravesamiento que vive el operador no es analizado seriamente y no es tenido en cuenta en el contexto donde se desarrolla la actividad de ese operador. Y entonces esa crisis, generalmente, no sirve para nada, salvo para destruirlo, y mucho menos para ayudar a las víctimas.
Como consecuencia de esa crisis se produce un fenómeno que se llama `burnout´, muchos de ustedes lo deben conocer, literalmente significa `incinerarse, quemarse, sindrome del quemado´. He notado en los últimos años en Argentina la existencia de este fenómeno, y me impresiona muchísimo.
Esto pasa en todo el mundo, o sea, el malograrse del operador. Y se malogra porque vive un fenómeno, que se llama `burnout´ que, a diferencia de lo que es el estrés –el estrés es un agotamiento-, el `burnout´ es una incineración que pone en crisis la identidad profesional del operador, cosa que no pasa con el estrés. El estrés a cuentagotas puede llegar a reventar, pero no se va a sentar a decir `yo no sirvo para esto´.
El `burnout´ tiene como característica que, además de la enfermedad en sí misma, de la destrucción de la persona, le pone en crisis su identidad profesional. Entonces, ustedes ven, yo he visto, profesionales extraordinarios, que han estudiado 30 años esta temática, y aún así han sufrido este fenómeno, porque en muchos casos ganan los malos; los vencen, los quiebran.
Y es muy difícil salir de eso porque se sientan a pensar que no sirven, profesionales que hace 30 años que se están matando para solucionar el problema. Éste es un tema también muy desatendido en la Argentina.
Y, finalmente, como consecuencia de esto... Yo les decía antes que en la Argentina hubo avances en los últimos años, avances importantísimos. ¿Por qué? Porque hubo gente que se fue ocupando de esto, se fue juntando y cada una, desde distintas disciplinas, pudo ir haciendo aportes.
Esos aportes generaron una reacción, porque son aportes que molestan a los abusadores, molestan a los violentos, molestan a los malos funcionarios. Y toda esa gente, junta o separada, reacciona. Porque, como su nombre lo indica, son reaccionarios.
Y no es casual. Es una reacción, en muchos casos, violenta. Es una reacción que hasta ha generado instituciones. Hay instituciones específicas que se dedican a maltratar a las personas que trabajan en esta temática. Que las denuncian, las amenazan, las agreden y las terminan quebrando. Este es un tema mayor. Esta reacción en inglés se llama `backlash´; que es una reacción negativa frente a algo positivo. Digamos, en esta temática el avance es positivo, la reacción es negativa. Es el `backlash´.
LA INTERVENCIÓN
• Necesidad de intervenir
• Áreas de intervención
• Objetivos de la intervención
La intervención actual es desarticulada
aumento del riesgo
revictimización
impunidad
Bueno, viene el develamiento, el develamiento genera crisis, crisis en la familia y crisis en los operadores, pero hay que intervenir; o sea, a pesar de la crisis, hay que intervenir. Yo antes mencionaba que, como es una cuestión pública, es evidente la obligación del Estado de intervenir. El primer obligado a intervenir es el Estado.
En segundo lugar, vamos a las áreas de intervención. Tradicionalmente, en Argentina se hablaba –y en algunos lugares siguen hablando así, equivocadamente-, o se dividía, en una intervención asistencial y en una intervención judicial, policial-judicial. Esto era muy frecuente y en muchos casos sigue siendo mencionado de esa manera, porque está incorporado a nuestra cultura. Es decir, hay un área de intervención asistencial y un área de intervención policial-judicial.
¿Por qué lo menciono? Porque estas dos áreas tuvieron en estos años una evolución distinta. Es decir, la psicología, la antropología, la psicología social, el trabajo social, han tenido una evolución mayor que la del Derecho. Han estudiado mejor esta problemática. En el Derecho se evolucionó sólo a nivel formal. Es decir, se hicieron normas, se sancionaron normas positivas, como pueden ser las Convenciones que mencioné antes, pero no es una evolución pareja.
Uno de los síntomas de la diferencia de evolución es el concepto que hay en una ciencia y en otra, más allá que desde el Derecho muy difícilmente le reconozcan el carácter de ciencia a las disciplinas que acabo de mencionar; lo cual tampoco es casual y mucho menos gratuito.
En el caso del Derecho, tradicionalmente, en todo lo que tiene que ver con el Derecho Penal, incluido por supuesto el abuso infantil, el objetivo principal siempre ha sido caracterizado como el esclarecimiento de los hechos y la eventual sanción de los responsables. Esto también es algo que se repitió durante siglos y que mecánicamente nosotros aprendimos en la facultad. Hoy en día, desde mi particular percepción, es erróneo considerar que el objetivo principal del Derecho Penal es el esclarecimiento del hecho y la eventual sanción del responsable.
Si nosotros tenemos una visión de perspectiva de esa normativa que yo hablaba, protectora de los derechos del niño –la Convención sobre los Derechos del Niño, la Constitución Nacional, y todas las Convenciones que están en el artículo 75º, inciso 22)-, nos vamos a dar cuenta de que el objetivo principal, no del Derecho Penal, no de los operadores del Derecho Penal, sino de los agentes del Estado en general, es la protección integral del niño. En el caso concreto de abuso, la protección integral de los niños víctimas de abuso. Y, en segundo lugar, el esclarecimiento.
¿Por qué hago esta diferenciación? Porque, si se tiene como mira la protección integral de ese niño, se va a intervenir adecuadamente; lo cual va a facilitar el esclarecimiento del hecho y la posterior sanción del responsable.
No sé si está claro. Si cuando intervengo, lo que me interesa es, con anteojeras, el esclarecimiento del hecho y sanción de los responsables según los parámetros del Derecho Penal, si la nena me cuenta 10 historias distintas, absuelvo. Que se ponga de acuerdo la nena en lo que me está contando. Eso según el parámetro tradicional del Derecho Penal.
Si, en lugar de pensar así, estoy pensando cuáles son las características del fenómeno, etcétera, y sé que la Convención me obliga a tener como primer objetivo la protección integral, cada medida que tome va a estar signada por ese principio de protección integral. Y entonces sí yo voy a generar espacios para que la criatura se exprese. Entonces sí voy a dar un espacio para que me pueda explicar, como pueda, a través del profesional especializado, qué es lo que le está pasando. Y entonces sí se me va a facilitar encontrar al responsable y sancionarlo.
Ésta es una concepción totalmente distinta que la tradicional. La que repite mecánicamente el Derecho Penal de nuestro país es la otra, porque es más fácil, porque es menos comprometido ideológicamente. Pero necesitamos dar una vuelta de página a esto y yo quería, aún así, rápidamente dicho, dejarlo planteado.
El primer objetivo del Derecho Penal, al día de hoy, y de todas las áreas del Estado: la protección integral de la criatura. Y en segundo lugar sí, una vez que tenemos esa mirada, vamos a poder esclarecer el hecho. Esto es porque necesitamos tener en cuenta que ese juez que está interviniendo, o ese fiscal, no es una isla, es alguien que tiene que necesariamente estar integrado a todo el sistema, con roles distintos y con responsabilidades distintas, pero tiene que estar integrado.
Hoy decía que la intervención en Argentina no es articulada. Lo dije hace un rato. Es desarticulada. La desarticulación es una cuestión muy seria, porque intervenir desarticuladamente tiene, dicho en dos minutos, tres consecuencias fundamentales.
La primera es el aumento del riesgo ¿Por qué el aumento del riesgo? Porque si intervengo desarticuladamente, porque no conozco la problemática y además no me interesa, voy a tener enormes dificultades para decidir, por ejemplo, si en un caso concreto de violencia o de abuso tengo que separar al violento o separar al niño.
Entonces, si no tengo los elementos de formación adecuada para discernir qué es mejor en ese caso, estoy aumentando el riesgo de la criatura. Porque hay muchísimos casos en los cuales es imprescindible sacar al violento de determinado núcleo, y en otros el violento no es uno solo, se manifiesta en uno y además es violenta otra persona y otra persona, y el núcleo es el que genera violencia. Entonces, necesito sacar al niño. Y no puedo entrar en una polémica sobre lo malo que es institucionalizar, que eso... No nos va a dar el tiempo, porque es un tema muy complejo. Porque, de repente, el fantasma que nosotros manejamos es que toda institución es mala. No tiene sentido. La mala es la mala institución, no la institución. Si tenemos una familia enferma y violenta, y tenemos que sacar a un chico, necesitamos ponerlo en algún lado. Y lo ideal no es una mala institución. Pero busquemos, o una buena institución, si la hay, o una buena familia sustituta, o lo llevamos a casa. Lo que no podemos es `en el nombre de´ dejar a ese chico en un núcleo violento, porque después vamos a ser responsables de lo que pase.
Segunda consecuencia de la intervención desarticulada: la revictimización. Es habitual generarle nuevos sufrimientos por las desarticulaciones. Entonces, el médico interviene, la enfermera interviene, el policía interviene, el fiscal interviene. Y cada uno le va diciendo `¿qué te pasó?´, `abrí las piernas´, `quedáte en la camilla´. Lo digo muy rápido pero, realmente, son intervenciones todas desarticuladas, donde lo que menos interesa es lo que le está pasando a la víctima. Y es patético. Y no tengan duda que esto, además del daño que le ocasiona a la víctima, que le vuelve a ocasionar a la víctima, está atentando contra el esclarecimiento. Por eso decía que es imprescindible tener como prioridad la protección, la contención, y no el esclarecimiento del hecho.
Tercera consecuencia, la impunidad. Si nosotros no tenemos el discernimiento adecuado en la etapa inicial para saber qué conviene hacer en cada caso, porque no estamos formados o porque no nos interesa, si revictimizamos a la criatura en los casos de abuso con las características que el fenómeno tiene, esto va a incidir también en la impunidad. Porque va a aumentar el nivel de impunidad y se van a esclarecer menos los hechos.
O sea, estas tres consecuencias de la desarticulación tienen que ser tenidas en cuenta en cada momento.
La intervención actual viola la normativa vigente
Las prácticas actuales:
· La denuncia
· La niña y la policía
· Las exposiciones
· Los traslados
· La niña ante la justicia
o en instrucción
o en el juicio
La denuncia. Decía antes que mandan a las personas de un lado para otro. Eso no se puede, eso es ilegal. Aprendan a denunciarlo, aprendan a exigir. Busquen gente que los ayude. Hay oficinas del Estado, hay ONG’s. Hay que poner el esfuerzo en encontrar alguien que les dé una mano para que la persona que tiene que intervenir comprenda lo que le va a pasar si no interviene bien. Aprendan y capacítense para decirlo y que los entiendan. Y además, cuando no lo hacen, cumplan ustedes. Si ustedes le dicen a alguien que lo van a denunciar, está bien. Es imprescindible que la persona sepa que tiene que acudir para pedir esto.
Es imprescindible sacar a las criaturas del ámbito de policía y de justicia. Son ámbitos que no son para los niños. No tienen nada que ver con los niños. Ni el lugar, ni el olor, ni lo que ven, ni el entorno, ni nada. Esto es una regla.
La ley que rige en Nación se originó en uno de los casos que conté hoy, en realidad en dos casos de Bariloche, estuve cinco años trabajando para encontrar las palabras adecuadas para convencer a los diputados y senadores de Buenos Aires que había que sacar a los chicos de los juicios. Porque, si yo no usaba las palabras adecuadas, venían las reacciones negativas que iban a hacer que no se sancione, y se sancionó.
Neuquén hoy tiene una ley que, si bien tiene infinidad de similitudes con ésa, porque hoy estuvimos viendo que es casi idéntica a esta ley que elaboré en Nación, tiene dos o tres palabras –hoy no va a dar para hablarlo- que deberían volver a analizarse a nivel legislativo, por las consecuencias que pueden tener esas dos o tres palabras en la práctica. No porque estén mal escritas, sino porque hay que entender que este tipo de leyes van dirigidas a una operatividad determinada que van a llevar adelante jueces, fiscales, etcétera. Entonces, ciertas palabras que a veces se ponen, pueden tener un resultado no querido. Por eso en la ley original hay dos o tres palabritas que no están y en ésta está planteado así.
El tema de la niña en el juicio. Esa ley, por lo menos la de Nación, prohíbe terminantemente, en cualquier etapa del proceso, que las criaturas sean interrogadas, de cualquier forma posible. Las criaturas, con la ley nueva del año 2003, no son interrogadas. La criatura abusada no puede ser interrogada. La criatura abusada es entrevistada; entrevistada por un especialista que está formado para poder saber, de acuerdo con la etapa evolutiva que atraviesa la criatura, cuál es la mejor forma de conocer lo que le está pasando.
Esto es independiente de si hay gente capacitada o no para hacer eso. Porque es otro tema, no vamos a discutirlo hoy. Habrá que capacitarla si no la hay, o mejorar la capacitación si la hay.
Sobre lo que no puede haber duda es que éste es un ámbito en el cual los jueces no fuimos formados, porque no sabemos. Irene Intebi, en un libro muy importante, explicó que ni siquiera ser psicólogo garantiza capacitación para poder actuar concretamente en este tipo de problemas. De modo que hace falta una alta especialización. Pero imagínense la que hace falta cuando alguien ni siquiera estudió psicología. No estudió psicología evolutiva, no tiene la menor idea de lo que significa el trauma que puede estar viviendo la criatura.
Entonces, por favor, es imprescindible tener conciencia de que hay ámbitos que no son para los chicos. Y aquellos psicólogos que no estén preparados, es preferible que se preparen, pero mientras tanto sigan siendo ellos, y los psiquiatras especializados, pero que sea desde ese ámbito y no desde el derecho que se entreviste a la gente. Es mi opinión.
Dos cosas para terminar. Estamos muy bien. En cinco minutos les digo una cosa, y en cinco minutos les leo algo de un fallo que no me voy a ir de Neuquén sin leerlo. No es de Neuquén, pero es lo suficientemente horrible como para que uno deje de dormir algunas noches pero después, como que toma aire y dice `bueno, hay provincias que están peor que nosotros´.
Obstaculos para una intervención respetuosa
o sistemas de creencias
o mitos, estereotipos y prejuicios
o el “doble estándart”
o el razonamiento inverso
· Institucionales
Rápidamente dos cosas en cinco minutos. Si tenemos una legislación tan extraordinaria como la que hay en la Argentina y tenemos recursos humanos como yo creo en lo personal que tenemos y, de repente, estamos sentados hoy con tantísima gente acá. Evidentemente, si no hubiera recursos humanos preocupados y sensibles, estaría solo acá. La realidad es que hay, y hay mucho.
Entonces, me puse a pensar hace mucho tiempo qué puede pasar y cuáles son las razones más profundas por las cuales, teniendo los elementos, nosotros sigamos haciendo daño.
Llegué a la conclusión, y esto no es sólo para la intervención en casos de abuso infantil sino en todo lo que tiene que ver con derechos humanos –yo lo mencionaba en Roca ayer-, que hay dos grandes razones, a mi entender, responsables de esto.
Una es de índole personal. No es otra cosa que el sistema individual de creencias que uno maneja. Es la ideología de cada uno de nosotros. Es lo que recibimos desde que nos criaron, lo que recibimos en la familia, en el colegio, en el ámbito religioso, en el ámbito social, en donde sea, en todo lo que fuimos incorporando como cultura, todas nuestras experiencias, nuestras vivencias. La suma de todo esto nos hace ver las cosas de una manera determinada. Es como un cristal que nos permite ver la realidad, interpretarla y actuar en consecuencia.
Esto significa que, si estas experiencias nuestras –estoy hablando globalmente, porque podemos tener experiencias muy malas pero también podemos tener experiencias muy buenas, junto con las malas-, si la síntesis es positiva, entonces nosotros vamos a ver las cosas desde un cristal más positivo.
Lo contrario es la reiteración de los vicios que históricamente se han mantenido en este tema. Lo mencionaba hace un rato. Lo que ha pasado a lo largo de los siglos. El maltrato infantil reproducido permanentemente. El abuso, el maltrato a la mujer, a los ancianos. La reiteración de los mitos, los estereotipos de género, los prejuicios. Esto se ha ido reiterando a lo largo de la historia. Si nuestra ideología está orientada a la reiteración de estos métodos, estos estereotipos y prejuicios, no vamos a poder intervenir en abuso ni en ningún otro tema que implique respetar los derechos del otro.
Entonces, el rol de la ideología es esencial. Y si, cuando nosotros nombramos a un fiscal o a un juez, no tenemos en cuenta qué ideología tiene en este tema –no estoy hablando a qué partido político adhiere, estoy diciendo cómo ve el mundo, estoy diciendo cómo ve a una nena-, entonces el resultado va a ser muy malo.
Entre otras cosas, porque se va a aplicar un doble estándar, que es tan frecuente en la República Argentina, que es la aplicación de distintas normas a un mismo universo de personas. Contaba antes, a la víctima que le roban un Mercedes Benz qué le preguntan: a qué hora fue y dónde; y violan a una nena y dicen `pero vos fuiste al baile, ¿qué tomaste en el baile? ¿cómo te vestiste?´. Eso es doble estándar. Eso es ideología pura, ideología en acción.
Esto lleva también a otra cosa muy importante, cuando repetimos ese tipo de prejuicios y mitos, que es la aplicación de un razonamiento inverso. He visto muchos funcionarios de nuestro país que aplican un razonamiento inverso. Es decir, cuando analizan una situación, en lugar de estar desprejuiciados viendo los elementos que están delante suyo, a raíz de la influencia de todos estos mitos y prejuicios, tienen tomada la decisión de antes.
Entonces, ven eso, seleccionan del material que está delante aquellas pruebas o elementos que son acordes con lo que ya tenía decidido que iba a hacer y descartan las que pueden desalentar la decisión ya tomada.
No sé si se entiende, pero esto es patético. Esto explica, por lo menos desde mi punto de vista, porqué tantas veces vemos decisiones en las que decimos `¿pero cómo llegó a esta decisión?´. Es porque ya la tenía tomada. Entonces vamos para atrás y analizamos el discurso. Y en ese discurso vamos viendo, si nos tomamos el trabajo de hacerlo y podemos anotarlo en un pizarrón, que la realidad que estaba delante de esa persona tenía 25 cosas, cinco las toma, que son las cinco acordes con la decisión que ya estaba tomada, y las otras 20 no existen. Entonces, le da una apariencia lógica a una decisión brutal.
Segundo grupo de obstáculos, y paso a leer lo increíble. Son los obstáculos institucionales. Porque nosotros pertenecemos a instituciones, todos pertenecemos a instituciones de distinto tipo. Dentro de las instituciones hay montones de fenómenos, ganancias, pérdidas, mitos fundacionales y pérdida de ilusión, miedo a los cambios.
Hacia intervenciones respetuosas
- Remover los obstáculos
- La difícil tarea de cuestionar
- Conocimiento y capacitación
- Reformas necesarias
- Ética y justicia
Todos esos fenómenos que se dan dentro de las instituciones no son estudiados adecuadamente y en muchos casos ni siquiera son reconocidos como existentes. Vemos instituciones de la salud, de la educación, de la justicia, de seguridad, donde transcurre, pasa el tiempo, y tienen patologías extraordinarias adentro, pero siguen. De repente hay instituciones, las más prestigiosas, o por lo menos culturalmente prestigiosas, donde hay un loco pero en vez de loco es un extravagante. Claro, yo casi no conozco casos de jueces declarados locos, pero conozco jueces locos. De verdad, he denunciado jueces locos.
¿Por qué pasa esto? Porque las instituciones pueden llegar a aceptar que tengan un miembro que robó; si se prueba, el tipo es ladrón. Eso es fácil, no nos hiere tanto. Pero aceptar que está loco, no. Porque nos mueve el piso, nos mueve el piso de todo lo que pasó ahí adentro de esa institución.
Ésa es una deuda extraordinaria. El día en que el Estado argentino tome conciencia de la necesidad de trabajar institucionalmente, de abordar la problemática institucional, y no hablemos cuando decida trabajar con análisis institucional... Para que cada una de estas instituciones tenga algún lugar de respaldo a donde pedir ayuda cuando está en crisis.
Cuando dejemos de hablar de una manzana podrida en instituciones que están atravesadas estructuralmente por la corrupción. Cuando nos demos cuenta de que no son hechos aislados, que el problema no está en uno o en dos, sino que está en el cajón de manzanas. Bueno, tendremos que cambiar el cajón de manzanas. Que es doloroso, pero mucho más doloroso es mantener esto en el tiempo.
Para terminar, quería leer algo que tiene que ver estrictamente con todo lo que dije hoy y tiene que ver con esto que estoy diciendo al final sobre la ideología, sobre la incidencia de la ideología tanto en lo personal como en lo institucional. Es un fallo de la provincia de La Pampa, que me parece imprescindible leerlo como cierre porque esto tiene que ver, y después pasamos a las preguntas.
Este es un fallo de General Pico, en La Pampa. Es un hecho penal en el que una chica sale de un baile y un delincuente que ya tenía condena, tenía varias condenas, tenía condena por delitos graves, la agarra. Le pone un destornillador en el cuello. Le aprieta el cuello con el destornillador. La obliga a practicar sexo oral, luego la viola, la penetra. Y lo agarra la policía y el hecho es `in fraganti´, por lo tanto no hay discusión posible acerca de cómo fue el hecho, ni podía disculparse de alguna forma la persona explicando algo. Tanto que confesó.
Así que, desde el punto de vista penal, este es un hecho sencillo. Juzgan el caso, el hombre confiesa y lo condenan. Dos jueces le aplican una pena determinada en sus votos. Una pena que más o menos son 12 años.
Este hombre ya tenía una condena anterior unificada. Esto lo digo y, para los que no son abogados, les explico. Cuando una persona tiene una condena y se hace otro juicio, hay situaciones en las cuales la nueva condena se puede unificar con la anterior y, o bien se suman matemáticamente, o bien se compone. Si son 5 y 10, pueden ser 15, pero también pueden ser 14. ¿Está claro? Es una postura más moderna, Zafaroni es uno de los impulsores, para que no sea geométrico el sometimiento penal de esta persona. Esto es importante aclararlo para lo que vamos a escuchar.
Se lo condena. Dos de los jueces dan la pena, 12 años. Y uno de los jueces dice no. No puede decir no condenemos porque esto es muy claro, pero dice, sintéticamente, que no se le puede dar esa pena, no se le debe dar una pena tan alta a esta persona. Les voy a leer textualmente lo que dice. Es muy larga, pero voy a leer dos o tres párrafos, nada más. Juro que esto no es inventado. Esto es un fallo de la República Argentina, de jueces de nuestro querido país.
Esto se conoció en su momento. Yo llego a este fallo porque en el diario salió una frase que llamó la atención desde el punto de vista técnico penal. Ahora se van a dar cuenta porqué. Voy a leer lo que marqué muy, muy sintéticamente, porque sino me echan de acá. El hecho ya lo conté. En 13 años unifican los otros jueces.
Este señor, el juez que vota otra cosa, dice lo siguiente. Hace un cuento, porque dice que un amigo de él... Esto es textual lo que voy a decir, él empieza el fallo diciendo: `Comentaba un viejo amigo médico –yo tiemblo cuando leo una sentencia así, tiemblo, y se las voy a dejar de alguna manera o se las mando por mail porque hay que leerla toda- que siempre el dolor más importante es el de uno´.
Después dice a qué viene todo esto y una serie de cosas. Agrega: `Sucede que repasando la historia de casos similares en nuestra ya larga experiencia en el tribunal, encuentro que el caso en juzgamiento no es de los más graves que hemos tratado en lo que hace al tipo del delito que nos ocupa´.
Se imaginan que uno ya tiene que empezar a temblar cuando se dice una cosa así, que éste no es tan grave y acuérdense que le metió un destornillador en el cuello y le hizo un montón de cosas.
Sigue explicando y dice, y esto fue lo que trascendió en los medios nacionales: `Entiendo que habitualmente el uso de armas –en este caso era el destornillador en el cuello, a modo de arma- permite, ante el hecho consumado, ahorrar violencia y sufrimiento a la víctima. Esto es, que ante un violador decidido a llevar adelante sus designios, la ausencia de un arma puede significar para la víctima golpes, dolor y, tal vez, la muerte´.
No sé si ustedes siguen la ilación de lo que está diciendo esta persona. Y sigue: `lo mismo sucede en cierto tipo de robos consumados sin arma, con algún instrumento de ocasión, que terminan en homicidios –por no tener arma-. Es violencia, dolor y muerte, que muy probablemente se hubieran evitado ante la presencia de un arma´.
`Lo señalado con tanto fervor por el letrado de la querella –porque la querella, de parte de la víctima, había estado explicando lo que significaba la gravedad de los hechos, la violencia, el destornillador- no es sino a mi entender la puntualización de factores atenuantes para el imputado´. O sea que el uso del arma es un atenuante. Esto salió en los medios nacionales porque no existe un caso en Argentina donde un juez diga que el arma es un atenuante. El arma, ustedes saben, es un agravante.
Continúo y yo les pido que ustedes crean lo que les voy a leer. Dice: `Es bueno recordar que la vida misma es riesgo asumido. La única vida digna de ser vivida implica necesariamente todo tipo de riesgos. Pareciera que está muy de moda -entre comillas- cuestionar todo aquello que implique dar oportunidad a quienes, nos guste o no, se la han ganado, como bien se defendió Fulano –que era el acusado- al decir la última palabra en el debate. Estamos en una fase de nuestra cultura moderna o posmoderna, como se quiera, en nuestro mundo occidental, en el que predominan dos dimensiones: la erótica, el sexo, y el éxito económico. Así de sencillo. Juega muy predominantemente un mecanismo perverso de sexo y poder, mejor aún, del sexo como poder. Se conforma un imaginario colectivo, a través de los mass media, en el cual lo único que le da sentido a la vida es la belleza física, el sexo y, ante todo, el poder. Habitualmente se juega ese juego inducido. El imaginario llega a todas partes, también obviamente a la cárcel. La vieja idea romántica de prevalencia de sentimientos auténticos ha desaparecido totalmente como pauta cultural. Todos, o casi todos, se adaptan al juego en cuestión. Se ponen lindas, o lindos. Se producen con cosméticos, gimnasia, ropas, modas de todo tipo, costumbres también de moda y copiadas torpemente. Luego -agudicen por favor el oído, quiero que no dejen de escuchar esto- llegado el caso, se desengañan porque no recibieron amor. La pregunta es qué estaban ofreciendo para recibir amor. Ésta no es una civilización de amor´.
Ojo que esta es una sentencia argentina, porque pueden llegar a dudar de mí, que la traje, pero es así. Termino y nada más. Son dos párrafos: `Esto es indiscutiblemente, salvo que se llame amor a esa mezcla edulcorada y bastante estúpida que suele usar la clase media, un estereotipo de puras formas aceptadas como amorosas´.
Ahora bien, ¿a dónde apunta esa reflexión? Yo la leía y me preguntaba a dónde apunta a esta altura. Apunta a que `No hay que hacerse los distraídos. Todo lo dicho conforma un mundo impiadoso, que es el que nos rodea. No es que Fulano –Moyano se llama, lo voy a decir-, que Moyano sea un perverso ni un maniático sexual -el informe médico no dice eso-. Es una persona dentro de nuestra cultura, como lo es la víctima. En ese juego perverso de sexo y poder, así están planteadas las cosas, se gana o se pierde. Aquí no juega lo de que los dos ganan o todos ganan, ni que la sociedad gana con una cultura del amor. El juego es, según las situaciones y circunstancias, más o menos violento. Lo vemos a diario en todo el mundo occidental. Insisto, se gana o se pierde. Esta vez, en este drama, los dos perdieron feo´.
Yo creía, y estoy convencido, hay más para decir, pero estoy convencido que esto había que leerlo. Les aclaro que él termina, después de algunas otras brutalidades, contando por ejemplo que sabe de qué se trata porque la hija conocía a la víctima y el dueño del boliche de donde salió la chica es el novio de la hija. Esto lo cuenta el juez en el fallo. Y termina proponiendo la pena, una pena única. Él estaba cumpliendo una deuda y todavía le faltaban cinco años y cinco meses por cumplir. La propuesta total, compuesta, es de nueve; es decir, que le da tres años y siete meses por el destornillador, la violación y el sexo oral.
Me parecía importante esto como cierre, porque no tenemos más tiempo. Este es uno de los tantos fallos que habría que estudiar. Porque yo estuve un tiempo después dando una charla sobre abuso en Santa Rosa, y esto había pasado en General Pico. No acostumbro, porque no corresponde, estar discutiendo los temas del lugar y expliqué por qué es muy complicado. Pero acá tenía que hacer una pregunta. No podía evitar hacerla. Entonces dije, `perdón ¿ustedes conocen el caso de General Pico?´, y sí, lo conocían. Había fiscales, jueces, psicólogos. En realidad eran psicólogas, trabajadoras sociales, etcétera, y algún fiscal o algún juez.
Les digo: `les voy a hacer una pregunta ¿qué pasó con ese juez?´. Ustedes imagínense que también estaba preocupado. ¿Qué pasó con ese juez? `Ah, no –me dice un fiscal- el fiscal de ese caso lo denunció´. `¿Y qué pasó?´. `No pasó nada porque dijeron que no se le puede cuestionar a un juez lo que pone como contenido de su sentencia´. Entonces yo le dije: `mire, no voy a opinar porque éste es un caso de la provincia de La Pampa y no tengo que opinar, pregunté esto porque era nomás una curiosidad sobre qué pasó´.
Pero sí quiero dejar aclarado que de ningún modo no se puede cuestionar a los jueces por el contenido de su sentencia. Para nada. En todo caso, eso es una repetición también mecánica. ¿Cómo no va a poder ser? Entonces pasaríamos a ser lo que una vez me dijo un juez que, descalificando a los peritos, etcétera, me dijo que nosotros los jueces somos peritos de peritos.
La realidad es que estas cosas pasan en la República Argentina. Antes, cuando estaba intentando tomar el cafecito en el receso, le decía a la persona que estaba conmigo que, si hay algo que en lo personal a me ayuda, por lo menos me ayudó mucho tiempo en estas cosas, cuando uno de repente está en un caso y pone que una nena está en riesgo y le pegan un tiro en la cabeza, es entender, es decir, buscar la forma de entender. Porque es bastante terapéutico, es bastante balsámico. No resuelve el problema, pero nos preserva un poco a nosotros para no pensar que los locos somos nosotros, los desubicados somos nosotros, sino que en todo caso el desubicado y el perverso es el que dice que los dos perdieron feo en un caso de abuso como el que yo conté. Les agradezco todo el tiempo que dedicaron para escucharme. (Aplausos.)
CONSULTAS:
1. ¿Es mediable el abuso?
R.: No, voy a tratar de contestar rápido para, si es posible, contestar todas las preguntas. El abuso, por definición y por todo lo que expliqué hoy, no es mediable. El abuso no es mediable. No podría ser mediable. Porque lo mediable también tiene que ver con la asimetría de la que hablaba antes.
Hay una autora, una mujer, creo que es inglesa, que decía que el abusador se tiene que poner de rodillas y pedir perdón. No sé si alguien se acuerda. Sí, es Cloé Madanes. Sí, ella fue quien dijo eso. Es una brutalidad, por otra parte, una bestialidad.
Por muchas razones que no da el tiempo para explicar. En primer lugar, que se arrodille es imposible porque una de las características de este tipo de personas es que es un psicópata que jamás va a sentir culpa por nada, ni remordimiento, ni nada.
Juzgué diez años estos casos. He terminado de condenar gente por corrupción, 15 años de prisión, que es un montón. El hombre diciendo `yo jamás la toqué, jamás la toqué´. Condena a 15 años. Al día siguiente voy a la alcaidía, porque era juez de ejecución en la provincia de Río Negro, como ahora en La Plata también, entonces tenía que seguir vinculado al preso. Iba a la cárcel, llegaba y me decía `¿Cómo le va? ¿Todo bien? Tengo que plantearle algo´, y me contaba de alguna necesidad que tenía. Y yo iba a mi casa y decía `Pero no puede ser, si el hombre no hizo nunca nada. Lo condené a 15 años y me saluda como si fuera el primo. No tiene sentido´.
Pero es lo máximo que puede hacer. Él no me va a decir: `lo que pasó es verdad´. Entonces, éste no es un tema mediable por las características que tiene el fenómeno.
Porque la criatura abusada a lo mejor, y ojalá y Dios quiera, que 25 años después, y con toda la ayuda terapéutica y la contención social, pueda llegar a tener una vida positiva, y forme una familia, etcétera. Si algún día, antes de morir, quiere conocer a su padre, cómo está en ese momento, que vaya y lo conozca. Pero imponerle ahora una mediación es perverso.
Hay lugares del país donde se está hablando de eso. Y se está disfrazando, mediante otra palabra brutal, que se llama `revinculación´. Es terrible. Comprendo eso porque lo conozco en Buenos Aires. La revinculación en muchísimos casos esconde eso que hablamos hoy, todo este tema, y no es otra cosa que una variante fascista. Una forma de llamar revinculación a lo no revinculable.
Se tiene que revincular lo que es posible revincular. El abuso, y determinados tipos de violencia, han roto lazos que no permiten volver a ser vinculados. Insisto, 20 años después puede que se haga. Pero cuando desde el poder o desde el Estado se está impulsando ese tipo de cosas, se genera un daño extraordinario y muchas veces se encubre aquella ideología que yo estaba diciendo. En otros casos, y en el mejor de los casos, siendo positivos, cuando no es de mala fe, es por ignorancia. Y cuando no es ni por mala fe ni por ignorancia es por comodidad emocional, porque entonces uno se va más tranquilo a la casa, porque hizo un acto de nobleza, juntó a un papá con su hijita, o juntó a un papá con su esposa.
Nosotros juzgamos un caso en Bariloche donde teníamos las fotos de la señora. El marido 53 veces había calentado un cuchillo y se lo había puesto de plano en el cuerpo. Entonces la señora tenía todo el cuerpo dibujado con esos planos. Terminó el juicio y teníamos que deliberar. La señora sobrevivió de milagro y además tenía lesiones extraordinariamente graves. Terminamos, estábamos deliberando y digo: `bueno, vamos a condenar´. `Sí, claro, por lesiones´. Le digo, `no, por tortura, porque una persona que hace esto la tortura´. `No, lesiones´. Perdí la votación y fue condenado por lesiones.
Esto tiene que ver con el imaginario. No sólo la dificultad para llamar tortura a la tortura. Tiene que ver con funcionarios que en otros casos dicen `hagamos la revinculación en el Parque Japonés´. En muchos casos, en Buenos Aires se hace en el Parque Japonés. Hay solcito, mandan a alguien a controlar y mandan a un tipo, que la había mandado 14 veces al hospital, a que converse con la señora. Es realmente patético.
2. ¿Qué opinión tiene sobre las revelaciones tardías de los niños abusados?
R.: Es parte de lo que expliqué antes. La revelación tardía es muchísimo más normal que la revelación inmediata, porque la revelación tardía es la consecuencia lógica de que antes había imposibilidad de manifestarlo, y después el paso del tiempo lo permite, ya sea porque la criatura al crecer va teniendo un entorno... Al principio está aislada, decía antes, el abusador aísla. Pero, en algún momento y por alguna razón, logra apartarse.
O por otra razón: muchas veces porque tienen un hermano menor y lo que no pudieron hacer para protegerse, lo he visto, lo hacen por el hermanito. Eso es muy impresionante.
El abuso prescribe. Hay una discusión muy fuerte sobre esto. Yo soy de la idea de que, si tomamos la Convención sobre los Derechos del Niño y la Constitución Nacional, la norma del Código de Procedimientos Penal que establece la prescripción... Que es muy correcta, porque nace hace muchos años para que una persona no tenga una espada de Damocles sobre la cabeza durante toda la vida, de ahí nace el instituto de la prescripción. Por eso en la Argentina, todos los delitos prescriben de acuerdo al máximo de la pena: dos años, cinco años, diez años.
En el caso del abuso se da una particularidad por la cual habría que reformar la ley. Hay algunos proyectos. Yo sostengo que ni siquiera es necesario reformarla, o mejor que se reforme, pero mientras tanto se puede aplicar y ya. ¿Y saben por qué? Porque hay un criterio, que si los jueces quisieran y tuvieran la voluntad y la salud mental y la sensibilidad, lo tomarían.
La criatura que revela tardíamente es porque no pudo antes. Nadie puede revelar lo que no puede. Y si no puede, la fecha para tomar el comienzo de la prescripción es a partir del momento en que puede. Ahí empieza a contar la prescripción. Ésta es una fórmula sencilla que, insisto, sólo depende de la voluntad que tenga la persona que interprete la ley.
3. ¿Es un mito el tema de que los niños siempre mienten sobre el abuso porque miran mucha televisión?
R.: Hay dos cosas muy importantes sobre esto. La primera es que, hasta determinada edad, no hay posibilidad de parte de los niños de fabular sobre situaciones sexuales no vividas. Esto es científico. Insisto, va más allá de la descalificación que se pueda hacer y se haga habitualmente de las personas que dicen estas cosas. Que son personas formadas en ciencias como, por ejemplo, la psicología.
La realidad es que hasta determinada edad lo chicos no pueden fabular sobre estas cosas. A partir de determinada edad, sí pueden mentir. Pero el hecho de que puedan mentir no tiene nada que ver, primero con que lo hagan; en segundo lugar, con que una vez que lo hagan, el sistema sea tan estúpido que van a condenar a un tipo porque el chico mintió. Eso no existe, no sirve y es un error pensar así.
Si por alguna razón a algún chico se le ocurriera mentir, y estuviera en la etapa evolutiva que le permitiera mentir, es sumamente sencillo descubrir esa mentira porque se cae sola y no se sostiene en un proceso. De modo que esto tiene que quedar muy claro, porque también es un mito. El mito no es lo de la televisión porque, desde ya, ninguno por la televisión lo hace. La realidad es que hasta cierta edad no hay posibilidad de fabular sobre esto y, cuando sí tiene edad, el propio sistema, sin ninguna dificultad, lo detecta y se cae.
4. ¿Es un mito el síndrome de alienación parental?
R.: El síndrome de alienación parental, en realidad, yo lo llamaría un engendro. Para que se entienda en dos minutos.
Les decía antes de los avances que hubo en la Argentina y en el mundo en materia de abuso sexual infantil. El Papa acaba de pedir perdón por esto y ha hecho un reconocimiento importante, han quebrado obispados enteros por indemnizaciones que han tenido que pagar en Estados Unidos por este tipo de abusos-. Ante todos estos avances hubo reacciones.
Algunas de esas reacciones son de intelectuales, o pseudo-intelectuales que hacen negocio con el abuso, o bien que son abusadores. El síndrome de alienación parental es parte de esta reacción. Es un invento que algún autor de otro país ha hecho que, si bien tendría algún sentido respecto de alguna descripción que él hace, en la práctica es usado de modo totalmente distinto. Estamos hablando de un autor que se publica sus propios libros porque no tiene validación científica de sus colegas. Pero sí la tiene acá, porque acá hay magistrados que lo citan. Hay que ocuparse un poco en ver quién es y de dónde viene y qué está diciendo.
La realidad, para los que no son especialistas en la materia, el síndrome de alienación parental es descrito como, traducido, la mamá que le lava el cerebro a la hija para decirle que diga que el papá la abusó. ¿Por qué? Porque está enojada con el padre, etcétera, etcétera. Insisto, esto no tiene nada que ver con que haya madres que quieran convencer a sus hijos. Debe haber, puede haber. No es una imposibilidad científica que lo haga. Estamos hablando de otra cosa.
Cuando ese tipo de teorías absurdas y engendros, nacidos para sostener los abusos, nacidos para ser utilizados como argumento defensivo, cuando eso es comprado por determinados funcionarios que además no se forman adecuadamente, y no se informan adecuadamente... Yo he detectado sentencias en Argentina donde se han citado autores, o un autor argentino que escribió algún pasquín sobre este tema, sin averiguar siquiera y sin saber que esa persona tiene una condena por abuso. Esto es muy fuerte y es muy grave, porque no se pueden hacer citas ligeras de determinadas teorías como ésta si no sabemos quién las dijo, por qué las dijo y si son aplicables, traspoladas a situaciones de abuso concretas.
Conclusión: el síndrome de alienación parental, utilizado como se lo está utilizando en la mayoría de los casos, es absolutamente negativo y no tiene ningún tipo de beneficios, y hay que tratar de estudiarlo en serio como para poder responderlo adecuadamente.
5. ¿Qué opinión le merece que a niños abusados se le tomen fotos de sus partes genitales como prueba del presunto delito?
R.: La foto de los genitales no tiene ningún tipo de utilidad probatoria ni entidad legal. Y por definición esto es así. ¿Por qué? Los jueces hacemos juicios en muchísimos, en la mayoría, yo diría casi en la totalidad de los casos de cualquier hecho penal, y recurrimos a expertos. Todos los casos; en casos de drogas, en un caso de un puente que se cae, en el caso de un choque. Siempre se recurre a un experto.
Lo que pasa es que hay una diferencia notoria, que es ideológica, entre el respeto que se le tiene a determinados expertos y el que se le tiene a otros expertos. Entonces, cuando un ingeniero dice que un puente se cayó por un cálculo que hace, el juez no va a decir que está mal el cálculo. No conocí ningún juez que le cuestionara el cálculo a un ingeniero.
Pero a la psicóloga, en el juicio, le dicen `¿Pero usted tiene un 100 por ciento de seguridad de que esto pasó?´. Y la señora le está dando las razones de que sí pasó. Y le mueve el piso, porque le dice `¿Usted tiene un 100 por ciento de seguridad?´.
¿Por qué? Porque la opinión de esa persona, cuando le pregunta eso, no es la misma que tiene del ingeniero. Es una opinión mucho más desvalorizada, también es una opinión atravesada por los mitos y los prejuicios de género. No cabe ninguna duda en estos casos específicos.
En el tema de las fotos, les decía que no tiene ningún sentido jurídico porque el juez no es quién para venir a apreciar una foto de una vagina. Por Dios. Lo que tiene que preguntarle al perito es si hizo algún tipo de examen y cuál es el diagnóstico que hizo.
¿O va a ir al manicomio a ver si el hombre está esquizofrénico en un caso de salud mental? ¿Va a ir a hablar con el esquizofrénico para ver si el diagnóstico es correcto? Podría estar un año dando ejemplos de absurdos que no se dan.
Con la foto pasa lo mismo. De ningún modo. Ni ésa ni otra. Porque no es ilustrativa de nada. Porque a mí lo que me interesa es que el perito me diga `hay un desgarro vaginal –como suelen decir- en hora doce´, para describir en dónde está. Éso es lo que me interesa, no la foto. En todo caso, cuidado. Porque habrá que analizar si el juez no quiere ver muchas fotos.
6. En la provincia hay cámara Gesell. Uno de sus artículos sostiene que es por única vez –debe ser de la ley-. Si el niño o niña no habla en esa única vez, ¿se puede exigir otra audiencia o validar psico-diagnósticos?
R.: Lo que pasa es que no es una cuestión lineal. Esa norma está tomada de la ley de Nación que elaboré yo. O sea, que lo estoy diciendo no por soberbia sino porque conozco las razones por las cuales se utilizó ese lenguaje. El espíritu de esa ley es: `saquen a los chicos de los juicios, solamente que sean entrevistados por un especialista, que sólo sea una vez, en la medida en que sea necesario, una sola vez´.
Porque hay criaturas que, por la edad, por la etapa evolutiva, por una cuestión terapéutica o por lo que el especialista decida, deben ser entrevistadas tres veces. Pero cuando son entrevistados tres veces en cámara Gesell, no significa que sean llevados tres veces a juicio. Porque no son situaciones traumáticas, no por lo menos comparables con las otras.
Cuando se habla de que los jueces estén afuera, hay una diferencia notoria, que tendrán que replantearse, desde mi punto de vista, entre la ley neuquina y la ley de Nación, que tiene que ver con las posibilidades de preguntar de los magistrados y de los funcionarios, de los fiscales y de las partes. En la ley de Nación no se habla de preguntas. Lo que hace el observador, que está afuera y las criaturas no lo ven o no saben donde está, es transmitir inquietudes al especialista.
El filtro es el especialista, no es el juez o el fiscal o el defensor el que le va a decir: `pregúntele el tamaño del pene; porque yo quiero saber y si no lo sabe, no es cierto´. No, porque volvemos al sistema anterior entonces.
Éste no es un mecanismo más moderno para trasladar el modelo anterior. No sé si está claro, es una cosa distinta. Por lo tanto, no hay inconveniente en que se haga más de una vez, bajo estas condiciones.
Nota: Quedaron varias preguntas sin responder, porque el Dr. Rozanski debía tomar un avión para regresar a la ciudad de Buenos Aires.
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